MENSAJES CRUZADOS
La pobreza en nuestra sociedad
UN ALTO porcentaje de los habitantes de Castilla y León ya están alcanzando un angustioso estado de pobreza que podría enmarcarse en un acelerado debilitamiento de nuestra economía, y si este debilitamiento sigue aumentando y se hace más notorio volverá a nacer el considerable riesgo que dará rienda suelta a todas las controversias que seamos capaces de imaginar y debatir, siempre con la intención de que podamos evitarlo... porque el ser humano es hijo del medio en el que habita (cada uno de nosotros es de donde pace, no de donde nace), de las circunstancias que amparan a ese medio y de la esperanza que subyuga las cosas pasajeras; para que un día, no lejano, seamos capaces, entre todos, de darle la vuelta a la tortilla, con la posibilidad de que volvamos a ser la sociedad que dé cabida y posibilidades a todos los que desean posicionarse en el lado de lo que los políticos llaman bienestar y que yo llamo justicia. Y digo «un día no lejano» porque la cercanía es siempre la que enmarca los estados de ánimo y los momentos de espera y esperanza. Ya lo dice el refrán que define la realidad más palpable: «De poco vale que a mi padre le llamen Pepe hogazas si yo me muero de hambre» que traducido a nuestra realidad quiere decir más o menos «de poco vale que la macroeconomía anuncie prosperidad si la microeconomía está en declive…». Porque si los políticos que nos gobiernan no se ponen las pilas, entraremos en una peligrosa situación generadora de conflictos y de irreversibles controversias. O en una situación anunciadora de escasez, de estrecheces y miserias.
Castilla y León se está hundiendo en un amargo lodazal que quizá no seamos capaces de revertir, porque los castellanos y los leoneses nos estamos desangrando poco a poco, y si esto continua al mismo ritmo quizá llegue el día en no seamos capaces de dar un vuelco a la angustiosa situación. Ya que la economía es el motor que acelera el bienestar de una sociedad ilusionante, de la misma sociedad que hoy en día se siente vapuleada por incidencias ajenas, que le vienen dadas por el abusivo control de un Gobierno que sigue elevando indefinidamente el nivel impositivo. Y aunque los impuestos son imprescindibles para la buena marcha de una sociedad que pretende ser justa, no pueden ser abusivos ya que se convertirían en impuestos que reducirían de manera alarmante la renta disponible de los ciudadanos o en impuestos que no incentivan el ahorro de las clases medias y que provocan las fugas de capitales de quienes tienen capacidad para invertir y afectaría gravemente al buen desarrollo de la economía.