Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

ATENTOS GUIONISTAS, creadores de contenido y leales a la narrativa, entre otros. Estos días, en un bellísimo valle de las montañas de León, podréis comprobar una sonrisa dibujada en el gesto de sus últimos habitantes. Y en Caín, que es una de las ocho aldeas de este paradisíaco valle, os contarán la más bella historia que nunca se contó en las montañas. La de dos mujeres, dos mozas, dos cainejas. Y con ese nombre “Cainejas” -las nietas del Cainejo- pasaron a la historia del montañismo europeo. Fue en el año 35 y ellas, las primeras mujeres en alcanzar la cima del Naranjo de Bulnes. Desde ahora, un monumento recordará la hazaña de ambas en su aldea. María Isabel Pérez, nació en Caín un 19 de noviembre de 1916 y murió en Montevideo en 1963 y Teófila Gao Pérez, nacida en Caín el 11 de julio de 1920, murió en Benalmádena en 2016. También emigraron. Y murieron lejos del valle. Se llevaron una mirada que solo ellas conocieron. Pero su gesta ya está a buen recaudo y forma parte de la memoria del deporte del montañismo. Atentos al relato: subieron sin nada, sin medios y sin material deportivo. Solo sus brazos y manos. Y sus pies. Hoy, imposible. Impensable. De ahí, lo excepcional del relato. La causa por la que ascendieron a la cumbre de Picu Urriellu, cima que inauguraron un marqués y un cabrero, su abuelo Gregorio, la dejo en el aire para no gastar el guion y la foto en blanco y negro de los usos y las gentes en el valle. ¡Amenábar, esta historia te cautivaría! Seguro. Caín no solo es ruta del Cares, patria del cainejo. Caín es el escenario de dos mujeres que alcanzaron la gloria sin darse cuenta. Hoy toda la montaña las recuerda y en especial una montañera, Ana Isabel, que ha hecho cumbre en el Naranjo 105 veces. Ana cumplió el sueño de hacernos subir a todos a la cima para gritar los nombres de las “Cainejas” con la fuerza de los vientos de los Picos de Europa. Valdeón es un valle de alta montaña encajado en el Parque Nacional de Picos de Europa. Una de las primeras etiquetas que marcaron la geografía natural. Y la vida de sus habitantes. Trajeron turistas, senderistas, montañeros y se llevaron las vacas, las cabras, las ovejas y los caballos. Y los carros. Y se vaciaron los hórreos. Y las casas. Los vaqueros trashumantes fueron desapareciendo entre la niebla de los puertos hoy quemados. Y así empezamos a exportar. Hombres y mujeres. Se fue el maestro y se fueron los chiguitos. Y cuando ya alcanzábamos el techo de la gloria celestial del turismo de naturaleza, alguien encendió la chispa y nos quemó la braña y los senderos. Dicen que desde la cumbre del Urriellu se ven los valles negros de La Reina. Pero en Valdeón sigue el verde y la sonrisa de sus mujeres, incluida la Virgen de Corona. Todas somos cainejas. Gritan. ¡Ah! entre la alfombra negra ya salieron las quitameriendas, con sus pétalos violetas, un brote que sonríe a la montaña. Y a las cainejas.

tracking