AL SERENO
La seguridad vial, en entredicho
De los miles de euros que derraman las diferentes administraciones públicas en programas de formación, sensibilización y concienciación. De los cientos de miles que van a subvenciones para todo tipo de asociaciones, chiringuitos y contubernios. De los millones de mensajes comprados que hacen rodar los maestros de la prestidigitación demoscópica, sectaria y teledirigida para crear estados de opinión prostituidos. Ojalá que una milésima parte fuera dirigida por unos instantes para tratar de influir en uno de los fracasos más dañinos de nuestra sociedad actual como es la seguridad vial. Especialmente en Burgos, donde es inconcebible el enorme daño que ha causado la nula conciencia de seguridad vial que padecemos. Corremos el riesgo de repetir la fama lamentable que Burgos cogió por los trágicos sucesos de peleas o agresiones que terminaron en muertes de personas jóvenes a las que se les cruzó el diablo por sus vidas para segarlas. Dramas que, sin embargo, parece que nunca hubieran ocurrido porque se repiten. Este fin de semana pasado, sin ir más lejos, volvieron las peleas a las fiestas de los pueblos. Verbenas a las que acuden en autobús centenares de chavales sin mucha más motivación que montar un botellón a lo bestia. Lo irracional es que esa fiesta, por desmadrada que sea, acabe en peleas y gente en el hospital. Pues si nos preocupa poco esa violencia social, menos aún la seguridad vial. Los atropellos no dejan de crecer y, desde que han incorporado los patinetes eléctricos, la siniestralidad se ha multiplicado. Ayer mismo, tres accidentes en distintos puntos de Burgos sirvieron de recordatorio de lo vulnerables que somos como peatones, conductores o usuarios de otros medios de transporte. Y aún así, la respuesta pública sigue siendo escasa, burocrática y tardía. Considero que desde las administraciones y desde la propia sociedad civil se debería hacer un mayor esfuerzo por concienciar a la población de los riesgos de dar por sentada la seguridad vial. Es imperativo promover una ofensiva educativa para lograr que los conductores reduzcan la velocidad, muy especialmente en zonas urbanas, que respeten los pasos de cebra y que se fomente una convivencia real entre el tráfico motorizado y otras formas de movilidad. Pero también hay que pedir responsabilidad a los peatones, que en muchos casos cruzan con distracción o asumen riesgos innecesarios ante la evidente peligrosidad del entorno vial.
También es urgente lanzar un mensaje claro a los usuarios de la llamada nueva movilidad en base a los patinetes eléctricos y bicicletas. Cada día son más frecuentes los arrollamientos y accidentes que los involucran, quizá porque muchos no conocen las normas básicas para moverse con seguridad entre el tráfico. Además, han colonizado las aceras, un espacio que debe seguir siendo exclusivo para los peatones. No hay convivencia posible si no hay conciencia.