Diario de Valladolid

Peio García ICAL

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EN MEDIO DEL drama y el horror del monte ardiendo y la intemperie calcinada se nos ha llenado el estercolero de incendiólogos y otros sustratos intelectuales. Al calor de la tragedia brotan mamarrachos por encima de nuestras posibilidades. Ser consejero de Medio Ambiente en Castilla y León es un oficio de riesgo extremo, porque siempre están sometidos a las inclemencias del clima, a los botarates que meten el tractor en el campo con el riesgo extremo y ardiente y a los incendiarios interesados o patológicos, al margen de directores del operativo a los que el fuego los pilla comiendo ensaimadas. Y a partir de ahí, encomiéndate al cielo. El de Quiñones es un oficio de alto riesgo, más allá de que él en ocasiones desempeñe el funambulismo político por inconsciencia más que por inconsistencia. En sendos gobiernos de coalición estrenados por Mañueco los dos socios dijeron aparta de mí este cáliz. No es que Cs y VOX, con tanta labia desde la bancada de los vagos, no pidieran el departamento, es que renegaron con vehemencia. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Como una cosa es gobernar y la otra vaguear. Es más, a los de VOX les pilló en gobierno la tragedia incendiaria de la sierra de la Culebra y no se les ocurrió reclamar la cabeza del entonces consejero del ramo, que es el mismo de ahora. La única ocurrencia, en tiempo de gobierno, fue organizar un concierto benéfico al que no acudieron ni los artistas contratados. Y ahí quedó todo esfuerzo y acción política de los gachós, hasta el reciente monólogo del portavoz en Cortes, clonando a Abascal mediante. Por fortuna, los de Cs no sólo no aceptaron el reto de la Consejería incandescente. Lo repudiaron con ardor. Por fortuna para los ciudadanos de los lugares arrasados por las llamas. De lo contrario, igual estaban confinados hasta febrero, con toque de queda a partir del amanecer, y esperando la Astra Zeneca en la cola del centro de salud clausurado por inquina de la mejor médico mundial.

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