Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

EL GOBIERNO de España y su aliado el Presidente del Tribunal Constitucional parece que ocupan sus cargos para dar la vuelta a esta «tortilla torticera» que cocinan los delincuentes que dejan de ser delincuentes cuando después de haber sido condenados por los tribunales ordinarios que nos juzgan a todos, son indultados y, por lo tanto, redimidos de toda pena y de toda culpa. De los delincuentes de guante blanco o de cuello blanco –según se mire– que se han apropiado del dinero de algunas administraciones públicas para jugar a sus juegos políticos, elucubradores, divagadores y especuladores que no aportan nada a la sociedad. Solo se aportan a sí mismos cuando dilapidan lo que era de todos.

La literatura clásica ya ha tratado de modo imaginado todo ese conjunto de actos y delitos que normalmente son cometidos por individuos que nos representan y que detentan un gran posicionamiento social. Suelen ser personas veneradas que ejerciendo un cargo lo utilizan para distraer recursos a través de engaños fraudulentos. Son, por lo tanto, delitos de naturaleza violenta, pues degradan el mundo en que vivimos y lo convierten en ese fango que tanto le preocupa al actual gobierno de España.

Esa fue a lo largo de nuestra historia literaria la figura del pícaro que, aunque solía ser pobre de solemnidad, se dejaba llevar por la astucia para aplicar sus métodos. Es el mundo inaudito de los que acceden a posibilidades y oportunidades que les sitúan cerca de riquezas que no les pertenecen, y así anda el patio; ya que después de haberla liado como Amancio viene el falso arrepentimiento y la posibilidad de echar culpas a quien nunca las tuvo. Esta delincuencia de guante blanco salpica a ministros y a personajillos de su especie. Y por lo tanto pueden ser calificados de facinerosos que es la palabra castellana que en su entreverado pronunciamiento califica muy bien a los tipejos que con mañas sofisticadas delinquen sin sentir vergüenza al delinquir. Es el comportamiento de quienes incluso se asocian con otros individuos de su misma calaña y cuando son descubiertos no andan con zarandajas y aplican el principio de «Sálvese quien pueda».

El guante blanco sirve por lo tanto para calificar un comportamiento vergonzoso y vergonzante que en los últimos años tanto ha salpicado a la política española. Pero no es lógico y no debería de ser lógico que quieran acostumbrarnos a que todo esto se convierta en algo habitual, algo que contamine al gobierno que debería de gobernar pensando en todos los millones de mujeres y de hombres que deseamos la concordia. El Gobierno, sea cual sea, debe de tomar cartas en el asunto y no justificar ni exonerar de sus culpas a quienes son culpables.

tracking