Diario de Valladolid
Día de Castilla y León en Villalar de los Comuneros

Día de Castilla y León en Villalar de los ComunerosICAL

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Murió el papa. El Papa que, entre otras cosas, intentó acabar con la pederastia en la Iglesia, consciente de que con esa lacra sólo se acabará el día que se acabe con el encubrimiento, como ocurre con los excesos y abusos policiales, de esos uniformados que se creen no sólo el orden, sino también la ley para decidir quién no puede hacer fotos en los espacios públicos, mientras Sen y Canales, tanto monta monta tanto, observan desde su apalancamiento como la vaca cuando ve pasar el AVE. Ave, César. Cuando muere un pontífice, decían en mi pueblo que el monaguillo de la aldea lo primero que va a mirar es a ver si corre el escalafón. No ha recibido cristiana sepultura el bueno de Francisco y ya se están subastando su tiara, camarlengo mediante, como con la capa de Cristo. El encubrimiento es el mal detrás del mal. Ya sea la pederastia, los abusos o la corrupción. Y en estas llega el Día de Castilla y León, con su tradicional Villalar, ese festejo multitudinario que no gusta a los leonesistas de la UPL. Que por otra parte son los únicos, junto con los de VOX, que ejercen la coherencia. Ni les gusta ni van. No son como los de los partidos mayoritarios (PP y PSOE) con sede en León, sin distinción, que ni les gusta ni les disgusta, pero que no van por el qué dirán. Otro año más no verán a representante alguno con asiento en las Cortes y residencia en León acudir a la campa. Ya sean procuradores o consejeros. Y menos en año preelectoral. Es más, este año la campa estará más desamparada que nunca, sin acto institucional por los tres días de luto por la muerte del Papa. Si hace buen día, más de 20.000 personas de toda índole y latitud, sin complejos ni miramientos ideológicos, poblarán la campa, sus conciertos, sus chiringuitos y sus mercados. Mientras, en las Cortes, los hinchables harán las delicias de los vecinos del vallisoletano barrio de Villa del Prado. Castilla y León es uno de esos lugares en el mundo en los que la vida no se detiene pese a la política de sacristía.

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