Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

EL PASADO JUEVES por la tarde falleció en Valladolid Carlos Pérez Chacel, el hijo de Rosa Chacel y de Timoteo Pérez Rubio. Una vida de 94 años que, de principio a fin, ha estado marcada por la aventura personal que le tocó vivir junto a sus padres. Toda una pericia pletórica de acontecimientos históricos, de un dramático exilio desde la adolescencia hasta bien entrado en años, de compartir los triunfos y postergaciones literarias de su madre, de algunos momentos felices -«yo siempre he tenido junto a mí un ángel» decía apuntando a su mujer Jamilia-, y de un montón de decepciones. Circunstancias que le situaron, como característica vital, en ese fiel de la balanza de una subsistencia inestable en la «que siendo el vivir lo más/todo lo demás es menos», que escribía Calderón de la Barca en Las armas de la hermosura.

De Rosa Chacel, una fuerza de la naturaleza en estado puro, heredó la voluntad férrea de ser uno mismo hasta el último suspiro. Dos días antes de morir me decía desde el Hospital del Río Hortega: «Esto se acabó. Estoy en la puerta de la vida y de la muerte, y tengo que dar ese paso en solitario. Estoy preparado». De Timoteo Pérez Rubio -el auténtico salvador del patrimonio Artístico Nacional durante la Guerra Civil- tenía ese sentimiento delicado de un pintor de retratos y paisajes que visionaba todas las cosas del mundo dándoles un toque, un alma propia.

No fue el literato que hubiera querido su madre, ni el pintor que anhelaba su padre. Fue un ingeniero arquitecto, que construía habitáculos con la literatura, con la pintura, con la historia que le tocó vivir, y con los libros que hizo desde su retiro en Valladolid tras la muerte de su madre en 1994, y que nunca llegó a publicar. Descansa en paz, querido amigo.

tracking