Diario de Valladolid

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Las reverendas monjitas de Belorado han ido saliéndose del tiesto y han plantado cara al mismísimo Papa de Roma ¿Quién iba a decirle al Papa Francisco - tan Jesuita y Franciscano a la vez - que las pobres monjitas de Belorado se le iban a subir a la chepa y que iba a tener que lidiar - en la España antitaurina - con monjas, con títulos y estudios, que no van a dejarse achantar así como así? Ya hablan en voz alta para que nadie diga que las tienen encerradas o sometidas en la clausura papal, y la madre abadesa ha decidido poner los puntos sobre las íes. Así de revuelto está el cotarro, y es previsible que siga revuelto y que incluso no tenga marcha atrás, porque han ocupado un convento - como los mismos okupas - y ahora les pertenece por razones coyunturales que no dependen de nosotros. El arzobispo de Burgos tiene el río revuelto, ya que él y el obispo de Bilbao se lo han comido y se lo han “guisao”.

Las reverendas monjitas del chocolate hacen dulces celestiales para Luzbel y su tribu. Dulce que también incide en las tentaciones mundanas, donde el dinero es el rey del mambo. Los políticos españoles y las monjitas de Belorado tienen el patio revuelto y ahora los que sí creemos en los dogmas que consagra la Iglesia Católica Apostólica y Romana no sabemos qué decir ante unas monjas que toman al Santo Padre por el pito del sereno. Dicen que ni tan siquiera es Papa y que por no serlo, no tiene la posibilidad de excomulgar a esas pobres monjas del chocolate; que, por cierto, son pobres solamente porque hicieron el voto de pobreza. Ahora, después de viejas, pellejas y resabiadas. Ya no les asustan las llamas condenatorias que anuncian las Calderas de Pedro Botero. Que ni su propio arzobispo sabe qué decir ante un asunto turbio y demoníaco. Además la noticia corrió como la pólvora el día en que se celebraban en el mundo las Apariciones Marianas de Nuestra Señora de Fátima ¡Menuda casualidad! ¿Es la Ley de Murphy? Vaya 13 de mayo… y encima llueve y hace frío. Ni el clima nos deja un mundo en paz, en orden y sosiego ¡Ni primavera, ni monjas, ni chocolate!

Bergoglio no gana para sustos. Le crecen los enanos. Yo hoy también me revelo, como las monjas, diciendo que “le crecen los enanos”. Lo hago sabiendo que no es políticamente correcto decir que “le crecen los enanos”. Pero así todo lo digo. Me revelo como las monjas.

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