Diario de Valladolid
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NO LO DUDES. Lleva a tus hijos, a tus amigas, a tus nietos y a los tuyos a contemplar la flor del almendro. No tienes problema, el almendro es un superviviente, nunca han podido con él, pues tuvo siempre de su lado a los pájaros que se encargaban de llevar su semilla a los lugares más insólitos. Al descampado, al extrarradio, a los prados de las afueras… y algunos, todavía, siguen marcando la linde de las fincas, de los majuelos y de los barbechos. Siempre me fascinó aquel almendro que florecía en lo alto de la catedral de Valladolid. Daba el primer aviso de la floración. Pero mucho más fascinante es que los almendros florecen donde les da la gana y nos regalan el más bello paisaje cultural. Acércate a un almendro en flor, tira de móvil y satura las redes y el WhatsApp. Son los brotes verdes de un jardín japonés a la intemperie, es el anuncio de la primavera de un cultivo leñoso que se resiste a desaparecer. Todavía tengo el recuerdo de las fotos de los japoneses ante la floración del sakura, el cerezo en flor de los nipones. Mucho se habló de brotes verdes. Demasiado. Pero siempre me quedé con el mensaje que se ocultaba detrás de algo que significaba resurgir, respirar, florecer. Y ahí me quedo. Me acuerdo cuando mi viejo amigo Diego Vacas era el último almendrero en el oeste del Arribe. Y de los versos del concurso literario del Día del Almendro en La Fregeneda, a primeros de marzo. La flor del almendro sigue siendo fuente de inspiración de poetas, pintores, fotógrafos y paisajistas culturales, que es como se les llama ahora. Pero la flor del almendro hoy, por fin, es un cultivo en expansión que ya no le tiene miedo a la helada y ha encontrado su nicho entre los cultivos leñosos de mayor rentabilidad.  Además de regalarnos su flor, desafía a los tiempos y vuelve a generar riqueza en plantaciones que crecen en muchos puntos de la geografía regional. El cereal le mira de reojo. Bienvenida, otra vez, la sopa de almendra y un fruto seco que hemos recuperado. Y el queso de almendra que elaboran en los pueblos de Las Arribes. Y el turrón y el almendrado, y el queso. Poco conocido, por desgracia. Bien por ese impulso de los grupos de acción local del oeste salmantino “Almendros Vivos”. Un colectivo de productores de almendra ecológica. No sé si existirá, pero habría que fomentar el “Día del almendro en flor” en toda la región. Y si alguien tiene alguna duda, que abra la ventana de su casa del pueblo y del piso de la ciudad y estos días comprobará la belleza de su floración. Las nuevas plantaciones garantizan su futuro. No olvidemos que el almendro, cuando nadie le hacía caso, ahí estaba, en la linde y en el extrarradio reafirmándose como un brote verde de verdad. ¿A qué esperas para salir a hacerte una foto con el almendro que te pille más cerca? Ya estás tardando.

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