Diario de Valladolid

Javier Pérez Andrés

La feria de los contrastes

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EL TÉRMINO que la define, Gourmets, acuñado en los años del despegue agroalimentario, consigue todavía que el personal asocie feria a gastronomía, a cocina, a tapitas, a disfrutar de la bebida. Y tal y tal. Y no. Se trata de un certamen monográfico centrado en la oferta de la industria agroalimentaria. Sin más. No es la feria de las casetas. Aunque todavía esté vacante la feria nacional de la gastronomía. Quienes visitan el Salón son profesionales, en un amplio abanico que incluye productores y distribuidores todo el arco alimentario. 

Un año más, y van 36, los nuestros plantan batalla en el consolidado Salón Gourmets. En Madrid. Cuesta digerir tanto júbilo, metraje y asistencia ante la sensación de crisis, extramuros del recinto. Pues sí, la feria va bien. Seguro que saldremos satisfechos del albero mañana a las cinco de la tarde. Un día más de Salón y dos pabellones a mayores. Cinco en total. Otro año con superávit. El metraje se multiplica y nosotros pagamos un buen pellizco. Más que justificado.

La presencia institucional a lo largo de los últimos años siempre ha sido acertada. Madrid siempre nos fue rentable y es nuestra tradicional bolsa de clientes. Por millones. Esto funciona. Los nuestros, o sea, ese puzle de metros cuadrados, productos y profesionales volverán con la sonrisa de la victoria. Porque la feria les ha permitido abrir mercados, establecer contactos, encontrar distribuidor, copiar alguna idea al vecino y quedarse afónicos ante tanto programa de degustaciones y catas teatralizadas. Por cierto, una agenda abrumadora, cada vez los nuestros se curran mejor las ferias.

Cuando uno pisa la moqueta de IFEMA, que es la poderosa máquina ferial que tiene la capital de la nación, tiene la sensación de entrar en otra dimensión. No sé, es como si nos diéramos cuenta de por qué son tan importantes el ganadero y el agricultor, el fruticultor y el hortelano. Y así. El sector primario. Estas ferias monográficas son las secuencias de una España que va bien fuera del surco. La de un sector alimentario que cabalga al galope y compite airoso con yeguadas venidas de los cinco continentes.

La madre de todos los recintos feriales aprovecha con éxito el privilegio de ser la playa donde rompen todas las olas. La nuestra tiene mucha más espuma y cabriola de los que parece. Eso sí, con nuestros taifas endémicos. Corazón amarillo, diputaciones por libre, empresas con su stand o con sus distribuidores... pero sin una bandera única para todos que asocie Castilla y León a una potencia alimentaria. Sin duda esta feria es siempre la de los contrastes. Pero es rentable, que es lo que importa. Y además es también caldo de cultivo y mesa de operaciones para dar a conocer y promocionar lo que se hace en esta tierra.

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