Diario de Valladolid

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IRREMEDIABLE.Trato de entender lo que pasa ahora mismo en España y en el mundo, y me viene la imagen de niño con churrerías y fritanga, donde la masa hervía hasta lograr un gran churro redondo y doradito. ¿De dónde vendrá la palabreja churro? Pues de los pastores de ovejas churras en Castilla y León que freían el pan en las cabañas y lo llamaban ovejas fritas o churros. El caso es que a todo lo que hoy sale mal en la vida se le dice que esto es un churro.

Si tuviera que concretar lo que, históricamente, han sido estos últimos años, los definiría, con perdón de los pastores de churras, como de un auténtico churro. Vean si no cómo se las gasta el churrero Marlaska o el amo de la churrería mundial que es Biden. De Sánchez, por ahora, ni hablo porque, de regreso de la Mareta, aún le cruje la masa del churro en la Moncloa con un gustico… El resto de dirigentes políticos andan por ahí, como churros de refrito, intoxicando el ambiente y las tripas.

¿Cómo se explica, en clave nacional, el churro de la repatriación de menores en Ceuta? Curioso, pero cobrando el mismo sueldo, medio Gobierno aplaude la medida y el otro medio la «detiesta», que dice Carmina ¿Y qué me dicen del gran churro internacional de Biden en Afganistán? Esto es la chorrada del pato de Cantimpalos que asaltó al lobo en el camino. Igualito. ¿Más de un billón de euros gastados, y miles de muertos por la democracia y la libertad para hacer este gran churro atado con un junco?

Un respeto, señores. Yo veo ahora a los talibanes paseando por Kabul con metralleta al hombro, deteniendo y disparando a la gente, y todos tienen una cara lustrosa y gordita. Prueba evidente de que son éstos, precisamente, quienes se han comido todos los churros. Veo también a los occidentales, españoles incluidos -ufanos, orgullosos, humanitarios, defensores de los valores femeninos, humanos y divinos-, con el rabo entre las piernas, ofreciendo a esos talibanes una gran ristra de churros.

Visión tremebunda, porque los defensores de la libertad tienen la misma jeta que Biden. O sea, una mezcla de prisa, deambulando por un pasillo, con una cara de urinario en busca de la tirita que alguien se pone en el culo para taponar la cagalera. ¡Qué desastre! ¿Pero qué estudian en las facultades los políticos en Occidente que sale gente como Pablo Iglesias en España, cuyo sueño es abrir una churrería? La inversión es amplísima porque hay muchos más churreros de lo que parece.

Salvo honrosas excepciones, y para sentirse orgulloso. Me refiero a ese colectivo humano de médicos, científicos, y personal sanitario, que han luchado por nuestras vidas y en contra del maldito Covid. Pero dicho esto, apaga y vámonos, porque los políticos han manejado el cotarro hasta cimas vergonzantes. ¿Cómo se puede presumir de algo cuando no son más que unos simples y malos intermediarios? Verlos en televisión, presumiendo de confinaciones y de vacunaciones, dan ganas de vomitar ese churro infecto.

Lo que quiere decir, que la factoría churrera no da tregua en política. La historia tiene momentos en que los dirigentes políticos, de uno u otro país, han obrado con más o menos cordura, con más o menos crueldad, con más o menos justicia, con sentido del progreso, de la verdad, y de la dignidad. O sea, lo que decía Cervantes en el Quijote: que la historia es «émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir».

Dicho lo cual, creo, sinceramente, que churros históricos, como el que acaba de hacer Occidente en Afganistán, no ha habido nunca. Ha sido, además, el churro perfecto. Han intervenido en la fritanga la ONU, la UE, y todos los organismos que existen en el mundo democrático. Qué cantidad de dinero gastada, qué cantidad de reuniones, qué cantidad de mentiras. Y todo para volver al vergonzoso punto de partida: de oca a oca y tiro porque me toca.

Alucina en manos de quiénes estamos nacional e internacionalmente. Los unos meten y sacan niños en furgoneta, y los otros intercambian armas y victorias en una partida de parchís. Atrás quedan millones de víctimas para la masa crujiente de la churrería que ya refiere Alonso de Ercilla en La Araucana: «Y habiendo ya cantado la victoria,/ de los contrarios hados rebatidos/ quedaron vencedores los vencidos». O sea, los talibanes.

No se trata sólo de que un político sea inepto, malvado y corrupto. Lo terrible es que provoca millones de víctimas y mucho sufrimiento, pero esto se la suda. Tienen la sartén por el mango y el mango. Como, además, lo cuadran con la justicia internacional y los derechos humanos, añaden al cotarro dos huevos duros al estilo de los hermanos Marx. Puro poder absoluto, pura sabiduría de loros. Y aquí tenemos los dos churros ejemplares de la churrería mundial: Biden arma a los talibanes para desarbolar América, y Sánchez, de palacio en palacio, masacra a los españoles con el recibo de la luz y regala a los enemigos de España lo que queda de una nación. Oh traición churrera de Occidente: ¡Que nadie se quede atrás en la foto de Torrejón! 

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