La batalla del relato
FRACASÓ la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. El PSOE y Unidas Podemos fueron incapaces de pactar un gobierno de coalición. Desde las 13.30 horas de ayer pugnan por ganar la batalla del relato. Ambos se afanan ahora en convencer a quienes deseaban que hubiera ya un ejecutivo de izquierdas de que la culpa es del otro. Las heridas tardarán en cicatrizar; tanto como durarán las frustraciones de quienes deseaban ardientemente certezas de que, como mínimo, las grandes desigualdades empezarían a remitir más pronto que tarde.
No me cabe ninguna duda de que la responsabilidad del desacuerdo es de ambos; de la misma forma que entiendo que de ambos debería ser la responsabilidad de pactar el desacuerdo para que las heridas de estas últimas horas de tensión -que no la memoria de lo ocurrido- se cierren cuanto antes.
El PSOE y Podemos funcionaron como los malos estudiantes que dejan todo para el final y se ven abocados a presentarse en septiembre. El sprint negociador no auguraba esta semana un final sin vencedores ni vencidos. La desconfianza creciente pronosticaba conflictos de calado en el hipotético consejo de ministros. La filtración unilateral de documentos manipulados revelaba síntomas de vértigo de quien necesitaba supuestos argumentos para apuntalar su relato. La escasa transparencia se convertía en ocultismo interesado. Desastre negociador y falsas expectativas de un gobierno de coalición acordado con fórceps.
La izquierda, que supuestamente busca mejorar la vida de la gente de a pie y no la de las grandes fortunas, demuestra que es incapaz de pactar un gobierno central en una coyuntura histórica de fragmentación sin precedentes de la derecha. Sólo sabe hacerlo en comunidades autónomas y ayuntamientos, y no en todos.
Los mismos que habrían vilipendiado un gobierno PSOE-Podemos han empezado ya a arremeter contra los dos líderes del desacuerdo. Mientras tanto, Sánchez y e Iglesias hilarán fino, ya han empezado, para construir el relato que mejor convenga a esa desleal estrategia de reproches para robar apoyos al contrario.
Ese no es el camino. Hay casi todo un verano para profundizar en los errores, pactar medidas para mejorar la vida de los más vulnerables y frenar la avaricia de los poderes que buscaban este resultado. Aprender del cúmulo de desaciertos cometidos, evitar chantajes y vetos, recuperar confianzas, renunciar a la rendición del otro y, sobre todo, acordar un programa social que priorice a los desfavorecidos puede compensar en septiembre la lógica decepción por este gran fracaso de la izquierda española. Construir relatos con sed de venganza sólo conduce a la melancolía.