Diario de Valladolid

RAÚL LIZANO

Escalador de la meseta

El piloto vallisoletano ha logrado coronarse campeón de Asturias de subidas de montaña. pese a vivir llanura, conduciendo un Honda Civic preparado por él mismo / El objetivo para este año es participar en un rally

El piloto posa con el Honda Civic con el que compite en la localidad de Castronuevo de Esguega.-J. M. LOSTAU

El piloto posa con el Honda Civic con el que compite en la localidad de Castronuevo de Esguega.-J. M. LOSTAU

Publicado por
Guillermo Sanz

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Hay personas que, como algunos animales, son capaces de adaptarse a cualquier ecosistema. Un don camaleónico del que presume un vallisoletano capaz de coronarse como rey de la montaña siendo autóctono de la meseta más llana. Su nombre, Raúl Lizano, un piloto de altura capaz de ser el más rápido en la montaña asturiana, territorio conquistado a lomos de un Honda Civic.

El piloto vallisoletano reconoce que el motor siempre ha estado entre sus aficiones. «Los coches siempre nos han gustado. Parte de culpa la tiene mi hermano Iván (quien le metió también en la natación), porque es el primero que hace las cosas, pero yo me dediqué a la mecánica», explica el piloto de la familia Lizano, que hace equipo cada vez que se enciende el motor. Su padre y su hermano (sus mayores apoyos junto a su madre y su pareja) no se pierden una carrera y ayudan a las labores necesarias durante la carrera, como el cambio de ruedas.

Así, cuando tuvo que abandonar la natación por ser incompatible con su trabajo empezó a moldear su coche de calle hasta convertirlo en una máquina de ganar. El mismo vehículo con el que Raúl Lizano iba a entrenar a la piscina, a estudiar, o al trabajo, está mejor que nunca después de unos cuantos años. Todo artesanal, hecho con sus propias manos y con dinero de su propio bolsillo.

Con su inseparable Honda Civic del 1993 aceleró hace tres temporadas a la competición federada. «Empecé a ir a circuitos cuando tenía coche de calle. Yo veía que torpe no era y empecé a trabajar en mi coche para hacerle de competición y a participar en carreras», relata. Pero, ¿cómo acaba un vallisoletano subiendo puertos de montaña a 180 kilómetros por hora? «En circuito amateur no hay apenas nada y lo que hay no me llamaba, así que me lancé a por los rallys, porque hay más gente corriendo», explica.

Así el vallisoletano, enrolado en la escudería cántabra Ojeda Sport, se puso en la línea de salida de su primera carrera de subida de montaña (una modalidad de rally en la que se hacen cuatro pasadas al día a un tramo de 5 kilómetros que el piloto debe tener memorizado, porque va sin copiloto). La subida al Pedro Bernardo (Ávila) fue su primera prueba de fuego. «Fue un desastre. En la primera curva me salí y rompí una pieza del coche», confiesa el piloto, que no cesó en su empeño de correr. Un año después se proclamaba campeón de Asturias del grupo X, en el que ganó cuatro de las seis pruebas (en una quedó segundo y en otra no se presentó).

Raúl Lizano tiene en su hoja de méritos el ser capaz de vencer a los pilotos de la zona a pesar de correr en clara desventaja con ellos. «Asturias es pequeño y el que más o el que menos puede escaparse unos días antes a conocer la carretera y a aprendérsela. Yo en el mismo viaje, en un día voy me aprendo el circuito y compito. Me va bien porque memorizo muy fácil», asegura. La memoria no es el único punto fuerte del piloto vallisoletano, que mantiene una simbiosis férrea con su coche y se deja contagiar por el ritmo asturiano: «En Asturias la gente corre muchísimo y te acostumbras a su ritmo. Si quieres estar arriba tienes que correr mucho y arriesgar. Yo me entiendo bien con el coche», resume Raúl Lizano, que explica cómo el cambio de motor de 1600 a 1800 cc «era lo que le faltaba» al vehículo para dar el salto de calidad necesario para ganar.

Ahora, con esa corona en la cabeza, el vallisoletano se marca los objetivos de esta temporada, en los que quiere subir una marcha más: «Mi idea es probar en un rally con copiloto. Seguramente probaré en Cantabria», adelanta. Mientras cuadra fechas, seguirá dejándose ver en las subidas de montaña, pero sin el yugo de la regularidad en el cuello: «Voy a seguir haciendo, pero sin hacer ningún campeonato para no obligarme a correr todas las carreras», explica. «Aparte de eso, mi objetivo es no tirar el coche por un barranco -bromea-. El año pasado hubo un sustillo en el Fito.

El domingo salí con frío, saltó un guardaraíl y me fui por donde no debía», recuerda. Ese susto le apartó del trazado, pero no de la carretera: «Yo es que soy muy cabezón. El domingo nos volvimos a casa con el coche hecho un cristo y el jueves ya estaba arreglado... y yo con ganas de competir», confiesa el piloto vallisoletano, un conductor de primera capaz de conquistar territorio desconocido a golpe de volante.

De conquistar el río a rey de la montaña

Raúl Lizano está hecho para ganar. El vallisoletano, ahora piloto de rallys, hubo un tiempo en el que brillaba sobre el agua como nadador. Así lo demuestra un currículum en el que luce una medalla de oro en la Ultraebre (una prueba de 30 kilómetros de natación) y la Tabarca-Alicante.

Lizano tuvo que salir del agua empujado por el trabajo, pero la natación siempre ronda sus recuerdos. «La natación la echo muchísimo de menos. Yo necesito competir en algo. Aquí es diferente porque en la natación compites contra otros y aquí compites contra ti mismo. No puedes compararte con otro, porque tiene otro coche y otra situación que, generalmente, depende del dinero», explica el piloto vallisoletano, que ha demostrado ser un as del deporte.

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