EDITORIAL

La lucha contra la despoblación no puede esperar

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ES EL PROBLEMA más grave al que se enfrenta Castilla y León, pero no solo. Ahí están también Asturias, Extremadura, Galicia, Castilla-La Mancha y Aragón. Y eso, precisamente, es lo que convierte a la despoblación un asunto de Estado.

Los datos provisionales del padrón, que acaban de hacerse públicos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), son concluyentes y vienen a reseñar la gravedad que supone la sangría poblacional. Hace apenas quince días miles de personas de la ‘España vaciada’ se echaron a las calles de Madrid, convocados por las plataformas ‘Soria Ya’ y ‘Teruel Existe’, para dar visibilidad a ese abandono que sufren y que, en muchos casos, les ha llevado al olvido. Miles de personas que ponen voz y rostro a la despoblación.

Gentes que no entienden cómo, más de dos años después, no se ha puesto en marcha ya esa estrategia de lucha contra el reto demográfico, a la que se comprometió el entonces Gobierno de Mariano Rajoy en la última conferencia de presidentes. Y entienden aún menos que lo único que se haya hecho es fijar las líneas maestras de actuación en un borrador, que no pasa de ser una declaración de intenciones. Buenas intenciones, eso no se pone en duda, pero nada más.

La despoblación, el futuro del mundo rural exige que se actúe y se haga ya. No es momento de más planes que sólo vengan cargados de buenas intenciones. Las administraciones, todas sin excepción y más allá de los colores políticos de cada una de ellas, tienen que trabajar codo con codo para frenar, primero, y revertir, después, esta sangría de población. Una tarea en la que es obligado que se implique toda la sociedad política, civil y económica. Toda ella juega un papel fundamental.

Esas miles de personas de la ‘España vaciada’, que se echaron a las calles de Madrid, son el ejemplo a seguir. Ellos han decidido no rendirse, han decididido que van a seguir luchando y han decidido que no se van a callar hasta que se les escuche y se les tenga presentes. Existen, no son invisibles, y quieren seguir existiendo allí donde han querido vivvir, en sus pueblos o en sus ciudades. Y si algo viene a evidenciar su actitud de lucha es que no es hora de rendirse. Al contrario, es hora de actuar y de hacerlo ya. La lucha contra la despoblación no puede esperar.