EDITORIAL

Para atajar la pederastia hay que acabar con los encubridores

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LAVADO DE CARA o pantomima sin sentido. Sólo así puede calificarse la nueva Delegación de Protección de los Menores y Acompañamiento a las Víctimas de Abusos que se acaba de inventar el Obispado de Astorga. Una delegación con la que el obispo Juan AntonioMenéndez pretende ahora arropar a los afectados, formar a los futuros sacerdotes y hacer cumplir el protocolo de prevención. Y es que, según señala el prelado, lo importante es prevenir.

Pero, ¿dónde queda la justicia? Esa que reclaman, exigen y merecen esos niños, hoy ya adultos, víctimas de abusos sexuales por algunos curas mientras otros callaban y miraban para otro lado.

Eso es lo primero que tiene que buscar la Iglesia como institución y elObispado de Astorga, en particular, el hacer justicia. Y para eso, para poner fin a esta lacra de la pederastia en la Iglesia se impone desenmascarar a los encubridores, muchos de los cuales se mantienen hoy en la Iglesia y en puestos de relevancia.

Si de verdad quieren afrontar y poner fin a esta lacra tienen que ir, como pretende hacer el papa Francisco con ese cónclave que desde hoy reúne en Roma a todas las conferencias episcopales del mundo, contra aquellos que sabían de los abusos de Ramos Gordón en La Bañeza y Puebla de Sanabria y callaron. Todo lo demás serán juegos de artificio para tratar de desviar la atención.

Que escuchen a las víctimas porque sólo así dejarán de causarles más dolor. Víctimas de esos miserables abusos que les dicen claramente que lo que están haciendo es un lavado de cara y una burla. «Siguen burlándose de mí. Lo han hecho toda la vida... y siguen», denuncia uno de estos hoy adultos que padeció de niño, al igual que su hermano, continuos abusos en el Seminario Menor de La Bañeza a manos de Ramos Gordón. Ahora, escribe su propio discurso de respuesta a la carta: «La pena se apodera de mi ser al recibir en estos momentos la oferta de ayuda por parte de aquellos que en su día dieron la espalda a las súplicas de niños que estábamos siendo atormentados noche sí y noche también».

La mano tendida que le ofrece ahora el obispado de Astorga llega con años de retraso. «La ayuda llega tarde. Que no vengan a ofrecer lo que se les rogó cuando más se les necesitaba. La razón de por qué ahora se ponen en contacto con nosotros solo la saben ellos. ¿Remordimientos?... tarde. ¿Solidaridad?... Lo dudo. ¿Miedo?...Posiblemente», expresa.

Afirmaciones, que suenan a lamentos, como éstos y otros muchos son los que continúan sin escuchar en el Obispado de Astorga. Si de verdad el obispo Juan Antonio Menéndez quiere actuar contra la pederastia en su Iglesia que se deje de lavados de cara y acabe de una vez por todas con los encubridores.