Diario de Valladolid

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SÍ, yo sí te creo Octavi. Tú, que te hiciste famoso de golpe y porrazo, por aquello de un brutal y sangriento don de la palabra. Bajo tu anatomía robotizada de antidisturbios escondes una tierna alma pedagógica, un Platón disfrazado de mosso: «La República no existe, idiota».

Ahora que se avecina la purga, la caza de brujas, ahora que tus compañeros no te ofrecerán el plato de torreznos en la cafetería de la comisaría, yo sí te creo. Ahora, vulnerable en tu gigantismo ilustrado, sí, te creo. Ningún colectivo (sic) de marginados y marginables te envía cartas ni flores. También, Octavi, lo tuyo tiene collons, majete, mira que atreverte a decirle al guarda rural, que encima estaba de servicio, quiénes son los Reyes Magos. Qué cruel, Octavi.

Marlaska: ¿Y si creas una comisión de servicios y te traes a Octavi de ruta por el resto de España? Primero que pase por Moncloa y hable un rato con Sánchez. Lo que le tiene que decir no es muy diferente a lo que le dijo al intrépido guarda rural. Y después, pues por algunas de esas manifestaciones que impulsan quienes viven de las subvenciones y no les gustan algunas estadísticas (salvo las del CIS) porque contradicen sus sacrosantos e inquisitoriales postulados ideologizados. Bien merece Octavi ver recuperado su honor, y por qué no, un complemento salarial por pedagogía.

A mí, Octavi, me hubiera gustado verte muchos años antes. Sabes, en 1997. En el País Vasco. Te imagino allí, frente a los que gritaban contra ETA, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Me recreo en tus palabras frente a quien, desaforadamente, pronunciaba palabras duras, valientes…: «Qué paz ni qué paz, cojones. La paz no existe, idiota».

Sí, porque la paz no es un mero regalo automático, como no lo son la convivencia y la democracia. Y porque esas decenas de miles de personas que salieron entonces a la calle, y que ejercían hasta entonces en su mayoría como miembros de comandos colaboradores con su silencio y cobardía, lo que les sacó a la calle fue una emocionalidad diferida y retransmitida. Los mismos resortes que enganchan en los realitys televisivos. Y en los nacionalismos.

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