Cencerros en Navidad
GUARDO con admiración aquellas clases magistrales de José Luis Hernández, un artesano mirobrigense, sobre cómo se fraguaba el sonido de un cencerro entre la arcilla y el fuego, el horno y el hierro doblado a golpe de martillo en la bigornia. Más tarde, los pastores trashumantes, los cabreros y los últimos vaqueros me explicaron los cambios de partitura dependiendo del cordel, el aprisco y el rebaño. Y, en un día inolvidable, Eugenio, el pastor de Robladillo, me dedicó el concierto más bello del mundo sobre la música del cencerro a golpe de badajo, amenizado por el balido de sus ovejas. Con el tiempo descubrí que la flauta se queda huérfana en la vereda sin el sonido del cencerro. Y nosotros, sin el son más profundo de nuestra cultura.
Y es que, en Navidad, suenan los cencerros aunque parezca extraño. Abandono la zambomba y el almirez, pero solo por unos renglones. Aunque algo olvidados están ya en la fiesta del común en Navidad y entre aquel viejo instrumental del villancico. Y me alejo esta vez, incluso, del portal de Belén, aunque sea un belenista convencido. Me sigue pareciendo la ´performance´ doméstica más entrañable del año. Mi generación tiene muy dentro esa memoria histórica infantil de pastorcillos, buey, mula y los dos romanos, junto a Herodes, mezclados con el olor a musgo y los destellos del papel plateado de los caramelos, que era donde lavaba la lavandera mirando cómo bebían los peces en el río. Ya lo dice madre, lo que de niño se vio, nunca se olvidó.
Ayer, día de Navidad, sonaron los cencerros en muchos lugares de Castilla y León antes de ordeñar y después. Pero con ritmo y coreografía incluida tan solo en Sanzoles, en Ferreras de Arriba, en Vigo de Sanabria, en Pozuelo de Tábara y en Villarino Tras la Sierra. Todas ellas en el solar antropológico zamorano. Y, al otro lado del Duero, que es tan nuestro como el lobo y el olivo, sonaron los cencerros en Bemposta, Parada de Infançoes, en Vale das Fontes y en Travanca de Vinhais, entre otras muchas ‘freguesías’ hermanas. Y, después de Nochevieja, hay más. Alguien debería ir diseñando para el común el mapa musical de los cencerros en Navidad. O sea, el de las mascaradas. Y, de paso, crear y añadir un zangarrón y un carocho de caganer en el portal de Belén. Se lo han ganado por ser más fieles que muchos al espíritu de la Navidad.