Diario de Valladolid

EDITORIAL

Difícil equilibrio entre grandes superficies y pequeño comercio

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ENTRE las cada vez más numerosas costumbres importadas en España de los países anglosajones, una de las que parece haber arraigado con fuerza, a pesar de los escasos años desde su implantación, es el denominado Black Friday (viernes negro), que se celebrará el próximo 24 de noviembre, aunque sus efectos suelen prolongarse durante más días.

El origen de esta jornada de descuentos a la que se suman buena parte de los establecimientos comerciales, nada tiene que ver con la tradición española. Su origen, se remonta al 24 de septiembre de 1869, cuando el mercado financiero estadounidense entró en bancarrota, dando nombre al Black Friday. Los norteamericanos lo celebran tras el Día de Acción de Gracias, una de sus fiestas más arraigadas y, desde hace pocos años, este hábito comercial se ha trasladado a España.

Es una jornada que ofrece ventajas y desventajas, pero que ha venido para quedarse, en palabras de Julián Vesga, miembro de la Confederación de Comercio de Castilla y León. De un lado, ese día representa una buena oportunidad para vender, aunque se concentran tanto las ventas que los comerciantes no dan abasto. De otro, las tiendas bajan de clientela en las semanas previas porque, quien más quien menos, espera para hacer las compras con importantes descuentos. Los efectos pueden prolongarse incluso hasta Navidad, ya que entre los objetos y productos que se adquieren están los relacionados con las fechas navideñas.

En lo que parecen coincidir las asociaciones de comerciantes es en que el Black Friday es una promoción impuesta, a la que han tenido que sumarse en mayor o menor medida para no quedarse atrás. Sobre todo, si se tiene en cuenta que las grandes superficies son las principales beneficiarias de esta nueva atracción comercial, ya que disponen de amplios horarios y personal suficiente no solo para el Black Friday, sino para prolongar las promociones al menos hasta el domingo, día de apertura autorizado.

Frente a esta competencia, los péquenos comercios no pueden por menos que adaptarse en la medida de sus posibilidades, ya que es difícil que puedan ofrecer descuentos tan elevados como las grandes superficies, que trabajan con más margen comercial. La solución tendría que pasar, por tanto, por la especialización y por fidelizar a la clientela. Pero también es necesario el respaldo de las administraciones, tanto para facilitar la apertura de negocios como para orientar sobre su viabilidad.

Lamentablemente, son muchos los casos en los que se observa cómo abren comercios que cierran a los pocos meses. Aunque es un difícil equilibrio entre las grandes superficies y el pequeño comercio, hay que buscar todos los medios para que puedan ser complementarios.

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