EDITORIAL

La banda ancha debe llegar a todo el territorio regional

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EL ACCESO generalizado a internet de calidad dista mucho aún de ser una realidad en Castilla y León. Los avances de los últimos años no han permitido el salto a niveles de la media española. Casi un 18% de los hogares de la región carece aún de este servicio, según publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística.

Si esta carencia es notable, aún es más grave la ausencia de este servicio en numerosos municipios rurales de la Comunidad. Esta es una debilidad más, junto a la falta de otros servicios, que provoca en parte el mayor problema de Castilla y León: la despoblación y la pérdida de pulso del mundo rural.

La falta de infraestructuras de telecomunicaciones genera desequilibrios y desigualdad de oportunidades entre los pequeños municipios y las áreas urbanas. Existe la convicción general de los expertos que una banda ancha de calidad podría contribuir a frenar la despoblación.

Para lograr este objetivo de igualdad de servicios TIC entre el mundo rural y el urbano hay que recorrer aún mucho camino, aunque es evidente que en la última década se ha avanzado pero de forma insuficiente.

No cabe duda de que hay frenos y límites que dificultan la equiparación del ámbito rural y el urbano. El envejecimiento y la dispersión, son dos características diferenciales de Castilla y León con respecto al resto. Está demostrado que a las grandes operadoras no les resulta rentable implantar sus servicios en zonas de baja población, pero allí donde no pueden o no quieren llegar las compañías de telecomunicaciones la Administración debe buscar los medios que lo hagan posible. Está por ver si el Gobierno central cumple los compromisos para que la generalización de la banda ancha sea una realidad en 2021.

Mientras tanto, es necesario abordar con agilidad que estos servicios lleguen a polígonos industriales y a centros educativos donde un mínimo de internet de calidad, 30 megas por segundo, es la asignatura pendiente y obligatoria desde hace demasiado tiempo.

La particular orografía de la Comunidad no debe ser una excusa para impedir la llegada de la banda ancha. Si algo puede salvar a numerosos pueblos a medio plazo es generalizar este servicio. Será necesario valorar si las líneas de ayudas implantadas para extender internet son suficientes o se precisan más fondos.

Las nuevas tecnologías permiten a los pueblos pequeños conectarse con el exterior y esa conexión puede tener impactos en los servicios sanitarios, educativos y de empleo. La economía se mueve cada vez más por la red y su uso inteligente y eficaz es imprescindible para evitar desequilibrios. Que la banda ancha llegue a todo el territorio contribuye a frenar esa Comunidad de dos velocidades que impide la cohesión territorial.