Los halagos de la patronal
HAY que reconocer al presidente de la patronal de Castilla y León el mérito de acabar con esa «casa de los líos» que ha sido Cecale hasta hace poco tiempo. Cuestión distinta a la aparente pacificación interna es si a esta Confederación le interesa realmente representar los intereses del conjunto de los empresarios de la Comunidad y, algo más importante, si realmente los representa y conecta con ellos adecuadamente. Y tengo más dudas que certezas sobre estos interrogantes. Por varios motivos: no se someten a ninguna elección de sus bases; nunca difunden su afiliación a las organizaciones confederadas, y los niveles de participación en las asambleas son bajísimos; en la última, sólo asistieron 118 de los 205 vocales o delegados citados.
La asamblea del jueves de la semana pasada fue un paseo triunfal para Santiago Aparicio. Elegido por aclamación, sin rival ni enemigo, fue la asamblea de los halagos. Sin ningún tipo de debate, el aclamado fue agasajado por el poder político (Juan Vicente Herrera) y la importante presencia sindical contrastaba con la ausencia de anteriores asambleas y reflejaba esa paz (social) que tanto identifica a esta Comunidad autónoma y que pocos se atreven a cuestionar.
Ni la adulación del presidente de la Junta ni el respaldo sindical a Aparicio me resultaron tan llamativos como los halagos del presidente de la patronal a CCOO y a UGT. Aquel jueves volví a la Redacción pensando en la función que puede tener el cortejo de los halagos y sobre todo me preguntaba por qué el máximo representante empresarial regala y exhibe cumplidos a los jefes sindicales.
Que la patronal halague a los sindicatos invita en principio a pensar que ella obtiene más rédito que ellos de su actividad. Que esto ocurra en un contexto de retroceso de las condiciones laborales de los trabajadores genera sospechas. Que domine el halago tras siete años de una reforma laboral que adjudicó más poder al empresario es, como mínimo, para reflexionar.
«A quienes has de halagar, has de acallar», dice un proverbio antiguo. Cecale, CCOO y UGT firmaron hace tres años un acuerdo para equiparar salarios con la media nacional. Y no se ha cumplido. Son los trabajadores con menores ingresos los que más han perdido. Tal vez por eso -pero no solo por eso- Aparicio entregó a los sindicatos el regalo envenenado de un halago que explique silencios de ahora.