La revuelta de los mayores
LA REBELDÍA de las mujeres y de los mayores se manifiesta este mes de marzo en las calles en un ejercicio de lucha por la dignidad y la igualdad. Sería injusto y perverso proclamar que sus reivindicaciones sólo afectan a ellas y a los pensionistas actuales. Son movimientos que cuestionan la calidad y los cimientos de la democracia.
Loli, cerca de 80 años, dice en una cadena de TV que «ni Montoro puede dar lecciones de economía a una ama de casa». Por supuesto. Y me acuerdo de las estrecheces que pasaron nuestros padres y madres para que subsistan pensiones de miseria –congeladas ahora a un 0,25% y antes ni a eso– para pagar gastos básicos de un hogar –por ejemplo la luz y el gas– a grandes empresas que desbordan sus millonarios beneficios sin que les frene o congele el Gobierno.
Rajoy va moviendo ficha, intentando, tanto en la lucha de las mujeres como en la de los jubilados, frenar la rebeldía con intervenciones demagógicas, compromisos vacíos, alianzas naranjas que siempre le salvan porque están del lado de los poderosos.
Dice el artículo 50 de la Constitución que «los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio».
Seguramente las arcas públicas se vaciaron en la crisis por falta de actividad y empleo, y porque había que priorizar al sector financiero. Seguramente, el sistema de la Seguridad Social sea insostenible; pero hay múltiples mecanismos para lograr pensiones «adecuadas» y «actualizadas», y un sistema de servicios sociales digno para todos. Una Comunidad envejecida como Castilla y León cuenta con 600.274 mayores de 65 años, la cuarta parte de la población. Más de la mitad de los pensionistas no cobra ni los 735 del salario mínimo… y no digamos las viudas ¿No se daban cuenta de este problema quienes gestionan y gestionaron la cosa pública?
La tercera edad es la otra gran asignatura pendiente de la democracia española. Esa sí que es una deuda histórica con quienes vivieron estrecheces para que esta sociedad avanzara. El 17-M de los mayores es tan justo como el 8-M del movimiento feminista. Los dos leen la cartilla al gobierno; los dos le retratan. Ahora solo falta la tercera pata, la de los sueldos y contratos precarios, y la de los parados sin prestación. Distribuyan bien la riqueza y cumplan la Constitución.