ESPEJOS PARA LA BASE / ROBERTO CARRANZA
África, destino en el GPS
El piloto vallisoletano trabaja para disputar Dakar, una experiencia que saboreó en 2005 como periodista y asistencia rápida de la carrera

El piloto vallisoletano RobertoCarranza posa con su casco rodeado de llantas de coches.-J.M. LOSTAU
Para que un motor funcione es necesario que una chispa provoque una combustión. La pasión por las cuatro ruedas ha sido el carburante que ha guiado a Roberto Carranza a conducir desde hace casi 20 años su vida por un trazado de piedras y arena que el piloto espera tenga su última etapa en Dakar. La capital de Senegal es un destino marcado como fijo en el GPS del vallisoletano, un edén que espera alcanzar antes de su retirada.
Aunque Dakar sea meta perfecta, toda carrera tiene una línea de salida y en la de la carrera de Carranza había un balón en la primera marcha. El fútbol era el único mundo que conocía en su juventud el piloto (que llegó a tener una oferta de Tercera para jugar), que decidió colgar las botas a los 18 años. El vallisoletano se salió del camino del deporte rey porque encontró una señal que le indicaba cuál era su verdadera vocación. «Yo tenía bastante inquietud. Fui, de estrangis , al Jarama a hacer un curso de conducción y le gané. Luego fui a otro y también quedé primero. Vi que se me daba muy bien», recuerda. Así, después de pasar la mili enseñando a los mandos superiores a sacarse el carnet de camión, decidió coger el volante con seriedad.
El Desafío Peugeot fue la primera piedra de toque de Roberto Carranza, que veía en su 205 GTI un primer amor. El guión de su historia dio un giro argumental cuando en 2005 sufrió un grave accidente de boogie que cerca estuvo de costarle el brazo. Ese susto sirvió para poner el motor en punto muerto y centrarse en sus estudios de ingeniería. Su tiempo de paréntesis lo invirtió en hacer varios cursos de conducción en Alemania, en el Club M de Mercedes. Al final, el automovilismo volvió a hipnotizarle como el sonido del pungi a las serpientes y se compró un Megane con el que volvió a la competición.
«Siempre me gustó el asfalto, pero en mi cabeza siempre ha estado el Dakar», reconoce Carranza. Esta afinidad con el desierto le llevó a organizar hace 18 años la primera ACV Sahara Adventure, un raid que ha tomado tintes solidarios: «Cuando vi la pobreza que había allí sabía que tenía que volver para ayudar a la gente», explica el piloto vallisoletano. De tal manera, cada año un grupo de conductores realizan un viaje de 5.000 kilómetros en el que realizan ayuda humanitaria, trasladando material fungible a los hospitales y ayuda a los ciudadanos de los pueblos del norte de África, antes de zambullirse en una aventura automovilística entre las dunas.
Roberto Carranza no dudó incluso en vender su Megane para poder saborear la experiencia del Dakar en 2005, cuando acudió como asistencia rápida de un equipo y como periodista. «Fue un Dakar muy duro, con muchos muertos. Yo lo pasé realmente mal. Dormimos más de 20 días en tiendas de campaña, pero dije que tenía que volver como piloto. El Dakar es el objetivo que tenemos todos. Sé que es peligroso, agotador y que la gente va a sufrir. Las dunas y el desierto o lo amas o lo odias, no hay término medio... y yo las amo», reconoce.
El sueño del Dakar (el cual se escapó el año pasado después de estar seleccionado entre los nueve candidatos del BFGoodrich para ir a la cita africana) tiene fecha de caducidad para Carranza, que este año cambia el ARC Racing para enrolarse en el Camper formando con su copiloto Juan Carlos Fernández el equipo Promyges Rally Team al volante de su Mitsubishi Montero Proto. «Es un equipo más pequeño, pero con la idea de que seamos sus primeros pilotos. Hemos apostado por ellos porque vamos a intentar ganar el Campeonato de España de nuestra categoría», promete, además de apuntar hacia la diana sus últimas balas como piloto: «Yo ya tengo unos años y queremos culminar nuestra carrera yendo al Dakar. Si en tres o cuatro años no he ido, dejo las carreras», promete.
Hasta saber si la arena del desierto sirve para moldear un nuevo reto superado para Roberto Carranza, el conductor vallisoletano continúa preparándose a conciencia (hasta cinco días a la semana de exigente entrenamiento) para dar la talla en el Campeonato de España de Rallyes Todo Terreno y en el Bajo Aragón, terrenos en los que quiere entonar su mejor nota un piloto que ha compartido momentos fuera y dentro de los circuitos con leyendas vivas como Carlos Sainz, Nani Roma, Juha Kankkunen o Peter Hansen.