Diario de Valladolid

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CONFIESO que me ha sorprendido el fracaso electoral de Juan Vicente Herrera frente a Alfonso Fernández Mañueco. Reconozco mi ignorancia para prever una derrota tan abultada del conocido presidente de la Junta y del PP ante su secretario general en las elecciones internas más democráticas de la derecha regional. Admito que nunca imaginé un 70-30 en el duelo entre el alcalde de Salamanca y el de León.

Para mi sorpresa, la bonhomía del leonés estuvo lejos de desbancar la astucia del salmantino en una campaña en la que el debate brilló por su ausencia y donde fue imposible desde fuera conocer las diferencias estratégicas entre ambos.

La declaración de «exquisita neutralidad» de Herrera resultó más que increíble cuando sus pesos pesados, sobre todo el vicepresidente de la Junta, José Antonio de Santiago-Juárez, declararon su voto a favor de Silván, dejando claro que Mañueco carecía de simpatía oficial en el Consejo de Gobierno. En el otro lado, el hombre que decidió nombrar a dedo a Herrera, Juan José Lucas, se posicionaba en contra del candidato de su designado dieciséis años atrás.

Las primarias del PP han desnudado parcialmente a un partido que casi siempre descalificó estos procedimientos cuando otros lo implantaban. Han desvelado el elevadísimo nivel de morosidad de sus afiliados: sólo pagan cuotas el 11,7% de los 51.191 militantes. ¿Imaginan ustedes que diría este partido si este desvarío ocurriera en Podemos o en el PSOE? Pero la abrumadora victoria de Mañueco y su más que probable futura Presidencia de la Junta dejan dudas sobre asuntos clave. Más allá de la bicefalia, el ganador deberá despejar si mantendrá su sumisión con el Ejecutivo de Rajoy en modelo de financiación, en su nefasta política sobre el carbón, en la injusta reforma laboral… Sugiere Leonardo Padura en su brillante libro El hombre que amaba los perros que «las artes de las dobleces y los ocultamientos como forma de ascenso» son un clásico en la «estrategia de supervivencia». Mañueco ha evitado confrontar con Madrid en decisiones perjudiciales para la región. Aún hoy se desconoce si asumirá el modelo autonómico de diálogo o el inexistente de Rajoy. Su imbricación con Maíllo y su silencio en el caso Valdeón refuerzan las incertidumbres.

La bicefalia es lo de menos. La gente busca saber si el hoy alcalde de Salamanca tiene un proyecto para Castilla y León mejor que el de Herrera para frenar el deterioro demográfico, reducir la pobreza, rebajar las desigualdades y, sobre todo, para mejorar la calidad de vida de los que poco tienen que perder.

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