Frente común para luchar contra un cierre injustificado
LA ESPADA DE Damocles que cierne sobre los trabajadores de la fábrica de Lauki descuenta los días hacia ese 30 de septiembre, marcado en rojo por los franceses de Lactalis para echar el cierre de la planta vallisoletana.
En todo este tiempo muchos son los movimientos dados para tratar de que Lactalis diera marcha atrás en su decisión de cerrar, primero, y para que de hacerlo vendiera la fábrica a algún comprador, después. Ni lo uno, ni lo otro. Lactalis está cerrada en banda. Mantiene su firme intención de clausurar Lauki en Valladolid y, lo que es peor, no acepta tan siquiera sentarse a negociar con posibles compradores, pese a que las opciones dadas en todo todo este tiempo han sido varias.
Lactalis se niega a vender a una empresa del sector lácteo porque puede convertirse en su competidora y así lo plasmó en el acuerdo social firmado con los trabajadores. Pero es que, tampoco acepta tan siquiera hablar con un fondo de inversión, que fue la primera oferta tal y como avanzó este periódico, ni con empresas como Quesería Ibérica, que planteaba un plan de futuro para la fábrica vallisoletana, con una línea de productos que en nada chocaban con lo que comercializa Lactalis. Y lo mismo se puede decir la última en conocerse, cuya producción se basa en la leche en polvo para animales.
Ejemplos todos ellos que lo único que vienen a demostrar es la cerrazón de Lactalis, que solo piensa en cerrar y no escucha posibles vías de salida que, a modo de venta, salvarían los empleos de los trabajadores de Lauki.
Junta y Ayuntamiento de Valladolid están trabajando para tratar de buscar una vía, una salida que evite un cierre, al que Lactalis tiene todo su derecho, pero que en nada está justificado. Sobre todo, por el hecho de que la instalación vallisoletana, como demuestran las cifras de la propia empresa, era rentable incluso con la pérdida de carga de trabajo a la que los franceses la habían sometido en los últimos años.
Ahora, desde el Ejecutivo de Juan Vicente Herrera se anuncia que se van a explorar todas las vías legales para tratar de impugnar el expediente de extinción de empleo y, con él, el final de Lauki en la capital vallisoletana.
Una presión que, como la que también viene ejerciendo el Consistorio vallisoletano, debe ser valorada como se merece. Y en la que tienen que ir de la mano con los trabajadores. Aquí, en la defensa del empleo en Castilla y León, no valen fisuras. Es necesario, obligado, ese frente común que luche con todas las armas legales, que hagan reconsiderar a los franceses su idea de no vender y llevar a cabo un cierre injustificado.