Diario de Valladolid

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«YO CON GENTE como tú vengo a ser un hijo de puta». Es una de las múltiples frases con la que el jefe ya despedido de Renault agredió a un joven trabajador de 20 años en la planta de Palencia. El mando pretendía conseguir la marcha voluntaria de su subalterno y utilizaba para ello métodos tiranos, degradantes y humillantes para conseguirlo. Nadie lo habría creído si no fuera (de nuevo) por una grabación que pone los pelos de punta a cualquiera que conserve todavía un mínimo de dignidad.

El joven está hoy de baja psicológica, con un ataque de ansiedad y con medicación. El Juzgado investiga los hechos ocurridos hace apenas diez días. Considera que puede haber un delito de lesiones y otro de trato degradante en el centro de trabajo.

«No hay justificación alguna para un trato tan vergonzante, ni calificativo para ese señor», como dice Inmaculada, la madre del joven trabajador.

El autodenominado «hijo de puta» ha sido despedido fulminantemente; sobre todo, porque el caso ha trascendido y lesionaba la fama y el negocio de la empresa. No creo que esta humillación sea un caso aislado, exclusivo de la firma del rombo. La envergadura del paro, la precariedad, la reforma laboral, la pérdida de derechos en esta brutal crisis ha envilecido a algunas empresas y a algunos de sus mandos más miserables, generando una indefensión desconocida en la democracia.

El valor de la grabación de este joven supera con creces a la del ministro del Interior con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña. Porque pone en evidencia el sufrimiento que provocan esos mandos crecidos en su jerarquía en un tiempo de desprotección sin precedentes y llantos de soledad. La grabación difundida por la Cadena Ser es un toque de atención a la Inspección de Trabajo, a los sindicatos y a los comités de empresa. También a quienes por acción u omisión hemos tolerado que la falta de respeto que merece cualquier ser humano alcance límites insospechados en algunos centros.

No creo que el mando palentino felizmente despedido sea un hijo de puta, como él quiso presentarse para asustar al trabajador. Y no lo creo porque si su madre conociera ese comportamiento seguramente, se avergonzaría de su propio hijo.

Posdata.- Pido disculpas por eludir este viernes mi versión sobre la sorprendente victoria del PP el 26-J y el fracaso de las diferentes izquierdas, pero en esta ocasión prefiero seguir el consejo de Mafalda de que lo importante prime sobre lo urgente.

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