Desolación
EL PRESIDENTE de una caja de ahorros me confesó un día, sin alcohol de por medio, que él solo se dedicaba a esto por dinero; que era su principal motivación e interés. Nunca, menos ahora, se atrevió a decirlo en público. Un directivo del sector pronostica, tras el anuncio de 1.120 despidos en EspañaDuero, que habrá exclusión financiera en España, que esta nueva «revolución industrial» llevará a los bancos a desprenderse de cientos de miles de clientes con pocos ahorros -que encarecen los costes de estos aristócratas- por su nula rentabilidad.
Una gran desolación, que ha ido evolucionando hacia la consternación y la indignación, se ha vivido estos dos últimos días en oficinas y servicios centrales y territoriales de EspañaDuero. Llueve sobre mojado. La amenaza del despido se cierne sobre empleados sometidos a un estrés continuo en medio del desplome bancario, que se ven desbordados cada día por cientos de clientes de sucursal ajenos a la digitalización, y a los que les tocó dar la cara ante las víctimas de las preferentes o con las ya irregulares cláusulas suelo... Y ahora, ¡a la calle!
Unicaja salvó a EspañaDuero de la liquidación. El banco andaluz recibió una entidad medio saneada, que estuvo contaminada por el ladrillo, en el caso de Caja España, y lastrada por las participaciones empresariales, en el de Duero. La política de riesgos brilló por su ausencia. Ninguna empresa privada de esta Comunidad ha recibido más de 1.100 millones de fondos públicos para sanearla, recuperarla de la manifiesta quiebra y evitar su liquidación.
Volvemos a vivir tiempos convulsos. ¡Para que diga la jefa de la economía regional, Pilar del Olmo, que se acabó la crisis! A la minería, al sector lácteo, a Lauki, a Dulciora, a Printolid… se le suma EspañaDuero. La diferencia es que en la crisis de la resultante de las dos grandes cajas hay mucha responsabilidad política de algunos que ahora hacen frente común contra Lactalis y Mondelez. La Junta no se va a atrever a plantar cara a Unicaja como a las dos multinacionales francesas. Y menos a pedir responsabilidades a esos gestores que, con administradores pasivos de casi todos los colores políticos y sindicales, contribuyeron a hundir las dos entidades regionales.
Pero, que nadie se llame a engaño. Los empleados de banca son de los más privilegiados en este mar de despidos animado por las injustas reformas laborales de Zapatero y Rajoy. No son los más desamparados. Castilla y León ha perdido 149.473 empleos en la crisis y la mayoría lo ha sufrido en el más lamentable anonimato, silencio y olvido. Esto también es desolador. Hasta en los despidos hay clases.