Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

El coste del Diálogo Social

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LA FOTO del llamado Diálogo Social es ya un clásico en Castilla y León. La de este miércoles puede ser la última con los actuales líderes sindicales de CCOO y UGT. Pero da igual. Ninguno de los que sucederán a Gelo y a Prieto cuestiona esta negociación colectiva autonómica que sobrevive desde 1993 ajena al sentir ciudadano. El sistema es casi perfecto como para remover unos cimientos que han dado el máximo de poder, gloria y dinero a las dos estructuras sindicales y a Cecale.

El Diálogo Social ha convertido al PP regional en un partido socialdemócrata. El Diálogo Social ha restado protagonismo a la izquierda, que ha sido incapaz de arbitrar una alternativa por miedo a abrir una brecha con los sindicatos.

El Diálogo Social ha beneficiado a trabajadores y a parados al arrancar concesiones importantes a cambio de taponar una indeseada cultura del conflicto. El Diálogo Social ha sido posible gracias a un Herrera que cree en el acuerdo más que ninguno de los que firman. Su liderazgo y los réditos que obtiene son de tal calado que no le importa cogestionar parcelas de poder con CCOO y UGT.

El Diálogo Social es para las patronales una fuente de recursos y de cursos que evita su quiebra y sirve para sostener estructuras menos representativas y más opacas y desconocidas que las sindicales.

El Diálogo Social es el implícito trueque de una paz social que, paradójicamente, ignora las bondades del diálogo con la sociedad, a cambio de compromisos más o menos concretados en estrategias integradas de empleo, mejoras de la Renta Garantizada, políticas de alquiler de vivienda, del Serla…

En esta ocasión, sindicatos y patronal presumen de haber sumado 100 millones más a los 600 prometidos por Herrera en su investidura. Los sindicatos han impedido que los empresarios reciban subvenciones por contratos temporales y a tiempo parcial…

Este diálogo sería casi perfecto si tras cada reunión hubiera una inquietud social por su contenido; si los empresarios, trabajadores y parados supieran lo que se juegan en cada Mesa; si fueran partícipes de lo que negocian sus representantes y pudieran leerles la cartilla cuando se salten un guión preconcebido con ellos. Pero no todo puede ser perfecto. Por eso, nunca, nunca, han hecho público el balance, la evaluación de cada pacto que termina. Y una foto sucede a la otra sin que sepamos si se cumple todo, parte o nada. Tal vez alguien, desde el Parlamento regional, deba controlar un día la eficacia de esos acuerdos con fondos públicos.

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