Diario de Valladolid

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A VECES, el lento fluido de las comisiones no sólo demora el discurrir de los asuntos en que se entretiene, sino que también lastra y entrampa lo que ya iba a su aire. Lo perverso aparece cuando estos concejos de expertos dedican sus pesquisas a cuestiones varadas y apremiantes, porque hay escasas posibilidades de que arranquen y con su ayuda se pongan en marcha. Si no es, claro, para la comitiva de los funerales. Quienes seguimos la actualidad ya estamos adoctrinados para el callejeo. De ahí, el escepticismo que infunde el anuncio de reactivar la comisión minera que cumpla la encomienda mariana de Rajoy, después de los años de maltrato y dejación. Lo primero que nos asalta, ante una propuesta tan extemporánea, es el ensalmo cervantino: A buenas horas, mangas verdes.

Porque de nada ha de valer este atropello para enmendar la asfixia protagonizada por el ministro Soria con la minería. En vez de pagar la deuda, reclamada incluso judicialmente, trata de distraer con un pedido de proyectos adornados con varios cientos de millones. Eso sí, con la cautela de su previa aprobación comunitaria, que es requisito imprescindible para hacer caja. En la víspera de las listas, la justicia deportiva despojó a la senadora Marta Domínguez de los títulos conseguidos con trampa, mientras las autoridades palentinas y autonómicas siguen remisas a aplicar la misma limpieza en sus asuntos.

La tramposa contaba en su ciudad con un pabellón, una calle e incluso con una estatua. Durante la legislatura recién concluida, fue senadora del Partido Popular por Palencia, sin que haya quedado rastro de su trabajo en la cámara. Rajoy le había reservado un puesto de salida para el Congreso en Madrid, que anunció él mismo en un programa de radio deportivo. La oportuna sanción del Tribunal del Deporte libró a Rajoy de presentarse a pedir el voto con ese pastel.Tampoco hay atisbos de que el gobierno autonómico la haya desposeído o la vaya a privar del Premio Castilla y León del Deporte 2006, dotado con dieciocho mil euros de estímulo. Un galardón a todas luces inmerecido, cuya permanencia en el elenco contamina a los demás deportistas distinguidos y supone una afrenta para cuantos han recibido el premio despojado de dotación.

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