Diario de Valladolid

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DESPUÉS de ver a un policía agachando la cabeza del todopoderoso exvicepresidente del Gobierno de Aznar, Rodrigo Rato,  para obligarle a entrar en el coche camino de los juzgados y presenciar un día sí y otro también las tropelías del venerable expresidente catalán Jordi Pujol se pierde capacidad de sorpresa en la clase política. Aquellos que en su día fueran santos y modelos a imitar descienden en segundos al infierno de la corrupción, aunque la jerga periodística nos obliga a apellidarlos presuntos.

Pese a la creciente mercantilización del maravilloso oficio periodístico, aún confío en los márgenes para denunciar los bajos fondos del Estado. Y Estado, que nadie lo olvide, es también la administración autonómica; esa en la que altos cargos pueden moverse a discreción para obtener prebendas, tratos de favor y contactos para engordar sus cuentas corrientes.

El azar, en unos casos;  la diligencia de ejemplares funcionarios, en otros, y la brillante labor periodística en algunos, han permitido rebajar de estatus a algunos que en su día fueron considerados santos. La difusión de la comisión de la trama eólica va a permitir, gracias a diligentes empleados públicos de la Agencia Tributaria y a la prensa, doblegar la imagen y la fama de algunos que escalaron a los altares de la política.

El PSOE está dispuesto a ir a por todas para desenmascarar a quienes se enriquecieron  utilizando resortes de la Consejería de Economía. Ese celo que muchos deseábamos que hubieran tenido con el entorno de su ahora aburguesado líder Felipe González, hoy lo extreman para pescar en el entramado que pudieran haber montado con tolerancia o colaboración de la Junta en el departamento de Villanueva.

Habrá que ver si el PP acepta en víspera electoral que se sometan a las preguntas de la comisión de investigación los 50 políticos, técnicos y representantes empresariales. Y si el partido de Herrera demuestra la transparencia que predica. A Rafael Delgado,  principal sospechoso de la trama,  nunca le gustaron demasiado la luz y los taquígrafos. Siendo mano derecha de Villanueva, y cuando esta pareja de hecho desconocía cualquier atisbo de crisis, llegó a pedir delante de periodistas, en un exceso verbal que le delataba, vetos informativos a quienes sobrepasaban lo políticamente correcto.

Si, finalmente, no hay veto para que la comisión sea abierta, el debate parlamentario sobre este posible suceso de corrupción va a centrar la vida política autonómica durante muchos meses. Sobre todo, si nadie bloquea las propuestas socialistas. Algunos de los que fueron santos bajarán al purgatorio o incluso a ese espacio caliente que la investigación ha reservado ya para Rato y Pujol.

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