Goteras en el techo
ESCRIBO el primer antivirus del otoño con la resaca del resultado de unas elecciones griegas en las que un traidor de sus principios ha vuelto a ganar dejando fuera de juego a los escindidos por su izquierda. Un partido como Syriza, que hizo de la lucha contra la austeridad su emblema, gestionará ahora la mayor austeridad en Europa, pese a la contundente oposición popular expresada en un referéndum cuyo resultado ha incumplido el ahora ganador Alexis Tsipras.
La paradoja, no por simplista, está ahí: la aguda crisis griega, provocada por gobiernos socialistas y de derechas, será gestionada por un Tsipras que ha ‘expulsado’ a sus disidentes de izquierdas –incapaces de ilusionar al electorado–, se ha plegado a ajustes más duros de los que aprobó su pueblo en la consulta y ha criticado y aprobado las imposiciones de los que mandan en Europa. Paradojas
El Tsipras español, Pablo Iglesias, siempre ha dicho que «Grecia no es España». Su implicación con la nueva casta griega es coherente con su progresiva ambigüedad en la hoja de ruta española y con la imposición de candidatos cuneros en las listas de las generales. También con extraños movimientos de sus hombres de confianza en Castilla y León, que ignoran a sus propios círculos concéntricos: Valladolid es un ejemplo.
Europa impone severos techos de gasto a Grecia; como los impone en otros países como España, con leyes de estabilidad y una estricta reforma de la Constitución como fue el último servicio a la patria de Zapatero. Si entonces eran tiempos de recesión, la gran contradicción actual es que la Junta limite el aumento del techo de gasto a un tacaño 0,72% cuando prevé un crecimiento de la economía del 2,7% y su consejera económica certifica el fin de la crisis.
Puede ser un efecto más del nefasto modelo de financiación, pero también es la mejor prueba de que el anuncio del fin de la crisis sólo tenía una finalidad propagandística para este caliente otoño electoral. Si hubiera otro objetivo, la Junta no habría hecho esta engañosa proclama cuando los destrozos de la crisis siguen indemnes en un numeroso sector de la sociedad.
Ese techo de gasto ya ha tenido estos días sus primeras respuestas. La prueba del fuego será a partir del 15 de octubre. En manos de Ciudadanos, que lo validó con su abstención, y en menor medida de la oposición está la posibilidad de provocar goteras en ese techo y que el reparto sea más o menos social. Pero el margen es mínimo porque Rajoy y Zapatero impusieron drásticos topes de gasto. Del resto ya se ocupa una Unión Europea que castiga a Grecia y con ello demuestra que la soberanía popular de los más débiles le importa un carajo, porque hay que salvar antes a los bancos que a las personas.