Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

La sabiduría de los ignorantes

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LA VÍSPERA de esa ciclogénesis que de repente nos hizo olvidar el verano moría alanceado, de forma irregular, Rompesuelas. Las reglas de esta absurda tradición violenta, cuyos promotores censuran parte del festejo, impidieron que el flamante matador leonés apodado ‘Cachobo’ recibiera este martes el trofeo del Toro de la Vega en Tordesillas.

Horas después, en Salamanca, pero esta vez en un cuerpo a cuerpo, un más anónimo toro de Garcigrande rompía el abdomen al torero Miguel Ángel Perera, que fue arrollado por el anónimo animal que «lo levantó del suelo con gran violencia y lo arrojó al callejón», según cuentan las crónicas. Ésta escena sí fue grabada por sus promotores y presenciada por miles de personas.

Vaya por delante que la tauromaquia no me pone nada y la agresividad que desprende y alienta -ya no hablo de los negocios que mueve- me resulta anacrónica y contraria a mi concepto de la dignidad humana. Como anacrónicos, demagógicos y carentes de sentido común son algunos de los argumentos de los defensores de esta fiesta nacional, como seguro que a ellos les parecerían los míos si los expusiera.

La contaminación a la que llegan quienes llaman ignorantes a los que año tras año informan de lo que sucede en Tordesillas sólo es comparable este año con la pasividad cómplice de los mandos de la Guardia Civil, la Policía y los antidisturbios, que este martes pudo ocasionar una verdadera tragedia al soltar al morlaco de 620 kilos cuando los opositores estaban concentrados.

Contaminación es la de Gerardo Abril, presidente del patronato del Toro de la Vega. Con sus declaraciones acusando genéricamente a los periodistas de mentir. Lo hace quien elude desautorizar, por ejemplo, a quien, ocultando su rostro, alanceó a Pello Moriones, periodista de Telecinco, en unas imágenes que deberían conmover a las autoridades de Interior, al subdelegado y a la delegada del Gobierno.

Frente a esa «ignorancia» de quienes tratan de informar todo lo mejor que saben y pueden, cuyo trabajo libre y plural reivindico como un principio irrenunciable, se encuentra un anónimo patronato del Toro de la Vega que aún no ha descalificado la agresividad y los insultos evidentes en las crudas imágenes difundidas el martes.

Es esa sabiduría de los ignorantes lo que molesta a quienes ven que, poco a poco, se va imponiendo el sentido común, y lo que hace años era una critica minoritaria de los excesos se está convirtiendo en mayoritaria. Que nadie defienda, tolere o incentive la violencia. Y menos desde el Estado o con fondos públicos.

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