Diario de Valladolid

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EN QUÉ consiste la política puede descubrirse a poco que se escarbe en las polémicas del ministro del Interior y en la de la presidenta de la Junta de Andalucía. Cosas de despacho. Sobre a quién recibir en un despacho oficial y a quién mantener en su despacho con sueldo público. Imputado el acogido en sede ministerial e imputados los ocupantes de despacho de la administración. Actitudes injustificables ambas, lamentables, que, según el color del que la comete, cuando no consiente y alimenta, son sometidas a tratamientos y opiniones diversas por los contrincantes, siempre en esa pugna para que las propias siglas sean la marca más rentable.

Los partidos, sus dirigentes, sabedores, eso también hay que tenerlo en cuenta, que la parroquia de cada cual no está dispuesta a dejarse influir por la falta de coherencia, verosimilitud ni honestidad en los argumentos de su equipo. Lo importante es ganar… la política, como el fútbol, es resultadista, vocablo tan feo como expresivo del carácter teleológico de las estrategias de quienes gobiernan y de quienes desean hacerlo, sea cual sea –intelectualmente, al menos,- el precio que haya que satisfacer. Que hay que ser incongruente, pues se es…

La verdadera militancia de los políticos debería llevarlos a una ejemplar actitud de limpieza y transparencia en sus actos, decisiones y opiniones públicas. Las perspectivas, ya saben, no son nada halagüeñas. La incorporación de nuevas siglas a las elecciones con la consiguiente fragmentación de los gobiernos locales, provinciales y autonómicos, ofrecen nuevas posibilidades para la incoherencia: en la propia composición de los centros de poder y en sus decisiones, consecuencia de lo anterior.

Las ciudades, las provincias, las regiones, son grandes empresas a las que dotar de una dirección sólida y de coherencia argumental en su desarrollo. Difícil cuando se nombra director general de la empresa no al que reúne el mayor número de apoyos de los empleados, sino al que logra más representantes con promesas de todo tipo, algunas de ellas contradictorias incluso con su propio programa. La política actual es la inmensa sonrisa de un dirigente perdedor que ya intuye que gobernará pese al sudado descalabro de sus propias siglas. El poder incluso pese a las urnas.

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