Los nuevos
YA QUE la reciente transformación de la vida pública se debe a la irrupción en el panorama político nacional de dos nuevas fuerzas, como son Podemos y Ciudadanos, no estará de más tanto examinar las coincidencias y diferencias de ambas como su repercusión en el tablero del poder autonómico.
Respecto a la incidencia del primero de estos partidos aquí, habrá que reconocer que, en lo municipal y provincial, no ha conseguido el peso que en otros lugares, aunque sus resultados en el plano regional -con el nada despreciable número de los 10 escaños que alcanzó en las Cortes- sean muy a tener en cuenta.
Significativo es, sin embargo, que la corriente ciudadana que ha decidido los gobiernos de ciudades como Zamora o Valladolid no estuviera en estos casos liderada por Podemos sino por IU, aunque finalmente en la capital del Pisuerga hubiera alcalde socialista.
Ciudadanos, de otro lado, se ha limitado (con sus abstenciones) a certificar -previsiblemente- las mayorías del PP, por ejemplo en la Junta o en la Diputación de Valladolid, presentando -eso sí- un «pliego de regeneración» como condición para que sus partners lo firmen. Se puede decir que ambos partidos han jugado fuerte y no se han conformado con ir de comparsas o espectadores de las fuerzas que consagraron el bipartidismo en España, si bien -a la postre- el cambio de los unos haya consistido en poner al PSOE para quitar al PP y el de los otros en apuntalar lo que ya había.
En lo que toca a su apuesta municipal, Podemos jugó la baza del «premio gordo» de las grandes ciudades y Ciudadanos «la pedrea» de su mediación en sitios no tan relevantes, salvo su papel clave en las comunidades autónomas de Madrid o Andalucía. El tiempo dirá qué estrategia era mejor o lo más arriesgada. Podemos parece esperar a que la cosa cambie de verdad cuando pueda gobernar directamente, mientras Ciudadanos se conformaría -de momento- con que sus compañeros de viaje hagan pública contrición y propósito de la enmienda de sus pecados contra la democracia.