LEGUMINOSAS

La veza forrajera gana peso en el secano

La sucesión de circunstancias adversas en Castilla y León impulsan el uso forrajero de la veza como alternativa más estable dentro de las rotaciones cerealista

Un agricultor muestra el mal estado del cultivo en una campaña anterior- ICALEduardo Margareto ICA

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Valladolid

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La veza continúa consolidándose como una alternativa cada vez más presente en las rotaciones de los secanos de Castilla y León, impulsada por la necesidad de diversificar las explotaciones, reducir costes y adaptarse a las exigencias de la Política Agraria Común (PAC). Sin embargo, la campaña vuelve a poner de manifiesto la elevada dependencia de este cultivo respecto a la meteorología, con un comportamiento muy diferente según el destino de la producción y la zona de la Comunidad en la que se haya desarrollado. Agricultores y organizaciones profesionales coinciden en que la campaña no puede analizarse de forma global, ya que la evolución de la veza destinada a forraje y la sembrada para grano ha sido muy distinta desde las primeras fases del ciclo. Esa diferencia ha marcado tanto las expectativas de producción como la rentabilidad final de las explotaciones y ha obligado, en muchos casos, a modificar el destino inicial del cultivo para minimizar pérdidas..

El responsable de UCCL, Jesús Manuel González Palacín, resume esa realidad con una afirmación que sirve de punto de partida para entender la campaña: «Tenemos dos tipos de productos, la de forraje y la de grano. Estos son dos escenarios totalmente diferentes». A partir de esa premisa se explica buena parte de lo ocurrido durante los últimos meses, ya que mientras el forraje ha ofrecido un comportamiento relativamente favorable, la producción destinada a grano ha acusado con mucha más intensidad la falta de agua y las altas temperaturas registradas durante la primavera.

El aumento de la superficie sembrada responde a una tendencia que viene consolidándose en los últimos años. La veza se ha convertido en un cultivo habitual dentro de muchas explotaciones cerealistas gracias a su menor necesidad de fertilización, a los beneficios que aporta al suelo y al papel que desempeña dentro de las rotaciones. Además, las exigencias derivadas de la PAC han favorecido la implantación de leguminosas, un cambio que las organizaciones agrarias consideran ya estructural dentro del secano.

Ventura González, de UPA, confirma esa evolución y recuerda que «cada año está yendo más en aumento este tipo de cultivos leguminosos», una tendencia que relaciona directamente con la necesidad de cumplir los requisitos de los ecoesquemas y mantener el acceso al conjunto de las ayudas comunitarias. No obstante, insiste en que la veza no solo responde a una obligación administrativa, sino que constituye una herramienta útil para mejorar el funcionamiento de las explotaciones.

Miguel Martín, agricultor de Becerril de Campos, comparte esa visión desde la experiencia diaria en el campo. Explica que cada vez son más los agricultores que incorporan este cultivo a sus rotaciones porque «no necesita mucho abono y nos deja una muy buena rotación para un cereal al año que viene». En su explotación produce tanto veza sativa como veza villosa para multiplicación de semilla, dos variedades con comportamientos productivos diferentes, pero que responden a una misma estrategia de diversificación.

La meteorología ha condicionado toda la campaña desde el inicio. Las lluvias registradas durante el invierno y comienzos de la primavera llegaron de forma muy irregular y, posteriormente, las elevadas temperaturas aceleraron la evolución del cultivo, especialmente en las zonas más secas del sur de la Comunidad. El resultado ha sido una enorme variabilidad entre comarcas y también entre parcelas próximas, donde el tipo de suelo ha marcado diferencias importantes en el comportamiento de las plantas.

Miguel Martín explica que esa variabilidad se aprecia incluso dentro de una misma explotación. «Las parcelas que son más de cascajo, más de canto, tienen menos producción porque ya el calor las apretó antes. Y las que son más de tierra, de arcilla, están bastante mejor». La capacidad de retener humedad durante los meses decisivos ha vuelto a convertirse en un factor determinante para el desarrollo del cultivo. El destino que mejor ha resistido la campaña ha sido el forraje. José Martín, agricultor vinculado a ASAJA, lleva años apostando por esta opción y asegura que «yo toda la veza que hago es toda forrajera». En su caso, las siembras realizadas en otoño aprovecharon la humedad acumulada durante el invierno y soportaron mejor las oscilaciones meteorológicas que las parcelas destinadas posteriormente a la producción de grano.

METEOROLOGÍA

Las lluvias registradas durante la primavera terminaron siendo decisivas para ese aprovechamiento. Aunque el cultivo atravesó momentos de incertidumbre, las precipitaciones llegaron a tiempo en muchas zonas del norte de Castilla y León y permitieron recuperar buena parte del potencial vegetativo. José Martín resume esa evolución con una frase que refleja el sentir de muchos agricultores: «Las lluvias tardías se han puesto muy buenas para forraje».

El agricultor considera que la dependencia de la lluvia primaveral es absoluta en este cultivo. «Lo que hace el forraje es lo que llueve en primavera», afirma, convencido de que la producción final depende mucho más de la distribución de las precipitaciones que de cualquier otra decisión de manejo. Allí donde las tormentas llegaron en el momento adecuado, la respuesta del cultivo fue inmediata; donde no lo hicieron, la producción quedó claramente limitada. La calidad obtenida constituye uno de los aspectos más positivos de la campaña. Las condiciones durante la recolección permitieron trabajar sin problemas de humedad y favorecieron un forraje muy bien conservado. Jesús Manuel González Palacín asegura que «el forraje este año es extraordinariamente bueno», mientras Ventura González coincide en señalar que la planta llegó a la siega «totalmente sana», circunstancia que ha facilitado tanto el empacado como el almacenamiento.

José Martín también destaca la calidad conseguida en su zona. «Este año es buena calidad», explica, antes de añadir que «en todos los sitios donde haya llovido se nota mucho que tiene mucho forraje de más calidad y abundante». Esa diferencia vuelve a poner de manifiesto que la distribución de las lluvias ha marcado la campaña mucho más que la cantidad total de precipitación registrada.

El comportamiento del mercado ha acompañado esa evolución. Según explica González Palacín, el forraje comenzó la campaña con precios relativamente contenidos, aunque la situación fue mejorando conforme avanzó la recolección. La menor disponibilidad de producto y la demanda procedente del sector ganadero favorecieron una recuperación de las cotizaciones, permitiendo equilibrar parcialmente las cuentas de muchas explotaciones que apostaron por este destino.

GRANO

Muy distinta ha sido la evolución de la veza destinada a grano. Las siembras realizadas durante el invierno y finales del invierno no consiguieron mantener un desarrollo regular debido a la sucesión de periodos secos, lluvias intensas y nuevos episodios de calor. Esa combinación terminó afectando al llenado del grano y redujo considerablemente el potencial productivo en buena parte de las explotaciones de secano, especialmente en las comarcas situadas al sur del Duero.

José Martín resume con claridad el comportamiento de la veza de grano durante esta campaña. «Las que son para grano que se han sembrado en el mes de febrero las ha ido relativamente mal», explica. A su juicio, el problema no ha sido un único episodio meteorológico, sino la sucesión de circunstancias adversas que acompañaron al cultivo desde su implantación. «Mal porque se ha sembrado tarde, al principio no llovía, luego llovió mucho, luego otra vez sequía y no han tirado», afirma.

Desde UCCL comparten ese diagnóstico. Jesús Manuel González Palacín considera que la veza de grano «ha sufrido lo mismo o mucho más que el cereal» y anticipa una cosecha corta en términos generales. Aunque reconoce que existen parcelas con mejores resultados, insiste en que la producción será inferior a la de una campaña normal y que la incertidumbre sobre la evolución de los precios dificulta valorar la rentabilidad definitiva del cultivo.

La situación no ha sido homogénea en toda la Comunidad. Una vez más, la diferencia entre el norte y el sur del Duero vuelve a marcar el desarrollo de la campaña. Mientras las provincias septentrionales han contado con temperaturas más suaves y precipitaciones más persistentes durante la primavera, en buena parte del sur la lluvia desapareció antes de que el cultivo completara el llenado del grano.

Ventura González explica que esa diferencia ha sido determinante. «En el sur del Duero prácticamente no hay nada de veza para grano porque no ha sido capaz de cuajar», señala. En cambio, en provincias como Burgos y Palencia las lluvias registradas durante las últimas semanas de primavera permitieron completar el desarrollo del cultivo y mantienen unas expectativas de producción considerablemente mejores que las existentes en las comarcas meridionales.

El representante de UPA recuerda que no solo ha influido la lluvia, sino también la propia capacidad de los suelos para conservar el agua. Mientras en muchas zonas del sur predominan terrenos ligeros y con escasa materia orgánica, en el norte los perfiles mantienen la humedad durante más tiempo, permitiendo que la planta soporte mejor los episodios de calor. Esa diferencia explica que, incluso con temperaturas elevadas, el balance hídrico haya resultado mucho más favorable en las provincias septentrionales.

Los agricultores también perciben esas diferencias dentro de una misma comarca. Miguel Martín señala que las parcelas asentadas sobre terrenos más pesados han soportado mejor la campaña que aquellas situadas sobre suelos pedregosos o con abundante cascajo. Esa capacidad de retención de agua ha permitido prolongar el desarrollo vegetativo durante varias semanas más y reducir el impacto del estrés térmico en las fases decisivas del cultivo.

La amplitud de rendimientos vuelve a ser una de las características de la campaña. Mientras algunas explotaciones mantienen producciones aceptables, otras apenas alcanzan cifras que permitan cubrir los costes de producción. José Martín cita casos próximos donde «estaban cosechando 400 kilos por hectárea», una producción muy alejada del potencial habitual de la veza de grano y consecuencia directa de la falta de agua durante la floración En aquellas parcelas donde el cultivo perdió potencial antes de tiempo, numerosos agricultores optaron por modificar el destino inicial de la producción. La buena evolución del forraje y la incertidumbre sobre la cosecha de grano llevaron a destinar muchas hectáreas al aprovechamiento ganadero, una decisión que permitió reducir pérdidas y aprovechar la calidad obtenida en la masa vegetal.

Las labores de recolección tampoco están resultando sencillas. José Martín explica que la escasa altura alcanzada por muchas parcelas y el efecto de algunas tormentas dificultan el trabajo de las cosechadoras. «Empieza mal porque al no coger mucho porte y caer agua fuerte lo que ha hecho es tumbarla al suelo», comenta. Esa situación incrementa las pérdidas durante la recolección y obliga a extremar las precauciones para recoger el mayor volumen posible de producción.

González Palacín coincide en que la campaña se ha adelantado respecto a un año normal y considera que esa circunstancia suele ser indicativa de una cosecha corta. «Cuando se adelanta la cosecha es que la cosecha es mala», afirma, relacionando la rápida maduración del cultivo con el efecto de las elevadas temperaturas registradas durante las últimas semanas.

CALIDAD

La campaña deja dos escenarios diferenciados. El forraje ha encontrado un mercado más favorable gracias a la calidad obtenida y a la recuperación de las cotizaciones, mientras que el grano afronta mayores dificultades por la reducción de los rendimientos y la incertidumbre sobre su precio. Esa diferencia condicionará el balance económico de muchas explotaciones al cierre de la campaña. José Martín reconoce que el aumento generalizado de los costes de producción dificulta lcanzar la rentabilidad incluso en campañas normales. Por ello considera que el ejercicio actual será especialmente complicado para numerosas explotaciones cerealistas de secano. «Este año es un año de pérdida», resume .

Pese a ello, la veza mantiene su interés dentro de las explotaciones por razones que van más allá del resultado económico de una única campaña. Tanto agricultores como organizaciones profesionales destacan su papel dentro de las rotaciones, su contribución al control de malas hierbas y enfermedades y la mejora que aporta al cultivo siguiente. En un contexto de creciente variabilidad climática, esas ventajas siguen justificando su presencia en muchas explotaciones. Miguel Martín considera que esa tendencia continuará en los próximos años porque la veza responde tanto a las necesidades agronómicas de las explotaciones como a las exigencias de la PAC. José Martín comparte esa idea y recuerda que la rotación forma parte de la gestión habitual de cualquier agricultor profesional, ya que constituye una herramienta eficaz para mantener la productividad de los suelos y mejorar el comportamiento de los cultivos posteriores.

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La veza continúa ganando peso en Castilla y León, aunque su comportamiento sigue dependiendo de la climatología. El contraste entre un forraje que ha ofrecido una campaña satisfactoria en calidad y una veza de grano muy penalizada por la falta de agua vuelve a demostrar que bajo un mismo cultivo conviven dos realidades distintas. Esa dualidad, unida a las diferencias entre el norte y el sur del Duero, resume el resultado de un ejercicio en el que el cielo ha vuelto a tener la última palabra.