Diario de Valladolid

La avispilla del castaño colonizará la Comunidad «en dos o tres años»

La Junta prevé una merma importante hasta que el parasitoide ‘Torymus sinensis’ pueda «vivir en equilibrio» con esta especie invasora que avanza una media de «20 kilómetros anuales»

Una mujer, propietaria de castaños, lleva a cabo una suelta de Torymus silensis para erradicar la avispilla.-PIERRE GRAND

Una mujer, propietaria de castaños, lleva a cabo una suelta de Torymus silensis para erradicar la avispilla.-PIERRE GRAND

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Diego Santamaría

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Por mucho que se incida en la prevención, la temida avispilla del castaño estará presente en todas las provincias de Castilla y León en «dos o tres años». Así lo estima el jefe del Servicio de Defensa del Medio Natural, Vicente Rodríguez, tras detectar de un tiempo a esta parte la introducción de varias partidas de «planta contaminada» procedentes de regiones previamente infectadas. Por lo tanto, de nada sirven las prospecciones que la Consejería de Medio Ambiente realiza desde 2013 mientras solicita al sector que «no traiga planta de fuera». Y es que «por más que recomiendes, como la producción de castaño en toda Europa ha bajado muchísimo, el precio de la castaña ha subido y la avaricia rompe el saco», lamenta.

Obviamente, la llegada de esta «plaga» a la Comunidad no obedece únicamente a dichas adquisiciones. También hay que tener en cuenta que la avispilla avanza una media de «20 kilómetros anuales», de ahí que su proliferación por el territorio autonómico sea cuestión de tiempo. Además, su presencia es «indetectable» en las plantas de vivero, por lo que los daños no se aprecian hasta «la primavera siguiente». Por si fuera poco, Rodríguez detalla que la «progresión absolutamente exponencial» de esta especie se aprecia sobremanera en su explosión demográfica, ya que cada ejemplar -son todas hembras- pone unos «150 huevos de media».

Por ahora, el «único procedimiento» que puede revertir los daños que causa la avispilla es la suelta controlada del parasitoide Torymus sinensis. El «problema» es que también se trata de un «organismo exótico» y la normativa vigente prohibe su introducción en nuestro hábitat. Sin embargo, dada la necesidad de actuar cuanto antes, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama) autorizó sueltas «experimentales» en todas las comunidades autónomas.

Al mismo tiempo, el Mapama encargó hace tres años un estudio al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para analizar el «impacto ecológico» de su entrada, las «posibles hibridaciones con otros Torymus y especies similares» o la «posibilidad de que parasite a insectos que hacen agallas en determinados robles». En principio, tal y como apunta Rodríguez, el proyecto parece viable, ya que hay informes similares en Europa que aseguran que su introducción «no causa ningún daño». Por ello, la Junta ha iniciado este proceso en el norte de Burgos y la comarca leonesa del Bierzo, enclaves donde la plaga ya se encuentra plenamente asentada.

A la espera de que el citado estudio vea la luz, el responsable de Defensa del Medio Natural subraya la necesidad de no utilizar insecticidas ni «eliminar los restos de las podas» en las zonas de control, dado que los Torymus «pueden estar uno o dos años dentro de la agalla, con lo cual hay que dejar las ramas para que puedan emerger». En principio, las sueltas se prolongarán hasta el 5 de junio debido al retraso de las brotaciones. A continuación, entre finales de otoño y principios de invierno, se recolectarán varias de esas agallas para «ver si emergen Torymus y otros parasitoides autóctonos», cuya presencia, por lo general, suele rondar el 2%. En cualquier caso, Rodríguez advierte que las sueltas deberán llevarse a cabo «a lo largo de varios años».

En el mejor de los casos, las experiencias previas han demostrado que «a los cuatro o cinco años ya se ha sincronizado el ciclo y el ataque del Torymus es lo suficientemente intenso para vivir en equilibrio con la avispilla», de tal manera que la producción del castaño se recupera. Por lo tanto, los productores regionales deberán armarse de paciencia, ya que las cosechas de las próximas campañas «van a caer claramente».

De momento, el Gobierno regional ha adquirido alrededor 130 dosis con ejemplares machos y hembras que suman cerca de 13.000 individuos que se introducirán paulatinamente en «localidades muy concretas» de Burgos y el Bierzo. Para ello, la Junta ha firmado un convenio con el Mapama al que también se ha sumado la Diputación de León, que aprobó recientemente una partida de 25.000 euros para la compra de esas dosis.

Pese a los «intentos» de alguna que otra empresa española, las dosis que se comercializan a día de hoy procedente e Italia, que atesora «15 años de experiencia» con la plaga. El proceso, según explica Rodríguez, consiste en seleccionar agallas infectadas, mantenerlas «en frío» hasta que surge un pedido y someterlas «a mayor temperatura» para que «emerjan como individuos adultos». Por lo general, cada tubo contiene 19 ejemplares: 12 hembras y 7 machos a los que se les suministran pequeñas dosis de comida y bajo las condiciones adecuadas para que «se puedan mantener bastantes días». Después, cuando llegan a su destino, se trasladan a la zona de suelta en «nevera refrigerada». Eso sí, resulta imprescindible dejarlos a «temperatura ambiente» antes de liberarlos porque «a menos de 12 o 13 grados están aletargados».

Sea como fuere, Rodríguez espera que el estudio del CSIC exponga sus conclusiones lo antes posible para determinar si los propietarios de los castaños tienen potestad para realizar las sueltas «con el control de la Administración». Entretanto, los agentes medioambientales encargados de desarrollar y supervisar este programa experimental se irán «adaptando» a lo que se encuentren por el camino. De hecho, resulta bastante probable que las sueltas se extiendan al Valle del Tiétar (Ávila), sobre todo a raíz de la confirmación, la semana pasada, de varios focos. En base a ello, la Consejería de Medio Ambiente insistió en la supervisión de las agallas con el objetivo de proceder a la quema y destrucción de los ejemplares afectados.

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