Diario de Valladolid

NUEVOS CULTIVOS

Superalimentos emergentes

Ensayos Castilla y León trabaja en el desarrollo de nuevos cultivos como la quinoa, trigo sarraceno y amaranto buscando las variedades que «mejor» se adapten al terreno / Se afianza la tendencia actual a favor de una alimentación saludable

Detalle de la planta de quinoa de la variedad puno en uno de los campos de ensayo del Itacyl en la Comunidad.-E.M.

Detalle de la planta de quinoa de la variedad puno en uno de los campos de ensayo del Itacyl en la Comunidad.-E.M.

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Marisol Calleja

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Las pautas de alimentación están cambiando y también los requerimientos de la industria transformadora». Los productores buscan nuevas alternativas de un mayor valor añadido, aunque necesitan información sobre el comportamiento agronómico en diferentes ambientes de estos nuevos cultivos emergentes, como indica Pablo Gómez, subdirector de Investigación del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León, Itacyl.

Una labor en la que están inmersos actualmente con el desarrollo de nuevas alternativas para el campo que sean rentables y estén orientadas a la demanda «real». Así lo explica Gómez, que insiste en que es obvio que «nos debemos a los mercados».

En este sentido, hace alusión a los productos nuevos que se pueden ver en los lineales, en forma de snacks, barritas energéticas, o nuevas harinas de cultivos que no han formado parte hasta ahora de nuestro mapa agrario, y que desembarcan como opciones y nuevos nichos de mercado.

Hablamos fundamentalmente de los denominados pseudocereales o superalimentos como la quinoa, trigo sarraceno o amaranto, de gran valor añadido y con «importantes» ventajas. Destaca especialmente, según el responsable de Itacyl, su composición nutricional en términos de proteínas, minerales o fibra, lo que afianza la tendencia actual a favor de una alimentación «saludable», así como un elemento relevante «añadido:» estos cultivos no contienen gluten. Un hecho que ha provocado una gran demanda de consumo de estos productos en los últimos años, también en nuestro país.

Conscientes de esta realidad, y aunque el Instituto Tecnológico Agrario lleva ya desde el 2011 desarrollando distintos ensayos con quinoa, es en el marco del proyecto Cibena del programa CDTI-CIEN, que arrancó en 2017, «donde se han incorporado las nuevas especies». Un proyecto en el que participa actualmente el Itacyl como centro de investigación junto al Grupo Siro.

La realidad es que el profesional del sector agrario está expuesto en estos momentos a un mercado de gran volatilidad, en un contexto de precios bajos para los cereales, que exige una diversificación y la apuesta por opciones competitivas, más allá de la agricultura tradicional.

El objetivo es, según el subdirector de Investigación y Tecnología, «avanzar» en el conocimiento de distintas especies vegetales para lograr una producción «rentable» en la Comunidad, y con una composición nutricional «adecuada» dentro del concepto de superalimento. «Queremos buscar las variedades mejor adaptadas a nuestra región y estudiar su comportamiento agronómico», afirman desde la administración autonómica. Tanto en el caso de la quinoa como del trigo sarraceno, amaranto o chia, se trata de cultivos rústicos y «adaptables a varios ambientes», además de ser resistentes a bajas temperaturas, alta salinidad y sequías. Un hecho que presenta a estas alterntivas como nuevos recursos de gran valor, que «están mostrando una gran resistencia al cambio climático», como apunta Nieves Aparicio, investigadora del Itacyl.

En relación a la quinoa, los técnicos subrayan la existencia de más de 6.000 variedades cultivadas por los agricultores, con programas de mejora en Dinamarca y Alemania, que han dado lugar a las primeras variedades europeas registradas.

En esta primera campaña, los trabajos se han centrado en dos cultivos: la quinoa, en la que se ha estudiado la adaptación de doce variedades, y el trigo sarraceno, con cinco. En el caso de la quinoa las variedades procedían de Dinamarca, Chile, Perú, Arabia Saudi y otras de origen desconocido, siendo las variedades danesas las que ham mostrado una producción más alta, destacando la variedad TITICACA, seguida de PUNO y VIKINGA, según Aparicio. Esta investigadora apunta especialmente al hecho de que los granos cosechados tuvieran «un alto contenido en proteína y en cenizas, relacionadas directamente con la composición mineral».

Los resultados de la primera campaña confirman, según los responsables de Itacy, que tanto en el cultivo de trigo sarraceno como la quinoa, los dos que se han ensayado en 2017, existen variedades que se adaptan a las condiciones de suelo y clima de Castilla y León. La quinoa está considerada una especie «muy plástica» con gran variabilidad genética, por lo que se puede adaptar a diferentes climas.

Sobre sus necesidades agronómicas, requiere suelos francos, con buen drenaje y alto contenido en materia orgánica, aunque es «muy sensible» al encharcamiento. Aunque se puede sembrar en secano, los ensayos centran su adaptabilidad «principalmente en regadío», con unos rendimientos medios en 2017 de hasta tres toneladas por hectárea, en el caso de la variedad más productiva. (Titicaca).

En la próxima campaña de siembra, que arrancará en abril con la quinoa y que incluirá el amaranto, como confrima el subdirector de Investigación, se persigue una «mayor eficiencia» en el manejo para que los cultivos sean rentables. Es decir, los técnicos van a ajustar algunos parámetros en las explotaciones de ensayo en relación al riego, el abonado nitrogenado y la dosis de siembra.

No hay dudas, en este caso, de que el beneficio de cara a estos cultivos está en presentar a la industria transformadora un producto acondicionado para su utilización directa, un paso que todavía debe darse en la Comunidad, ya que no existe la infraestructura adecuada.

El interés por estos cultivos emergentes es «real» por parte del sector productor, aunque también hay dudas sobre si los siguientes eslabones de la cadena muestran interés por el producto. La industria transformadora está procesando esta materia prima, se necesita saber su compromiso con la producción de aquí.

Por otra parte, tanto en la quinoa como en el trigo sarraceno, tras la cosecha, se impone una labor de procesado y de eliminación de impurezas que precisa unas infraestructuras en donde poder realizar este paso intermedio antes de llegar a la industria para asegurar la rentabilidad. Dos aspectos a tener en cuenta y que vinculan directamente a toda la cadena, con el objetivo de que todos los eslabones cuenten con sus márgenes. «Hay potencialidad», por eso desde Itacyl creen que, «con la base de la demanda del mercado», se pueden impulsar y desarrollar proyectos «bajo demanda». Un trabajo que se integra en el nuevo modelo de investigación e innovación de la Junta.

Si la quinoa, una planta que tiene su origen en los alrededores del lago Titicaac (Bolivia y Perú), es una opción rentable para el campo de Castilla y León, a tenor de los resultados de la campaña de 2017, no lo son menos las posibilidades del trigo sarraceno o alforfón. Una especie originaria de Asia, siendo Rusia y China los principales productores y consumidores. Según la FAO, en Europa, Polonia y Francia, son los países principales en cuando a superficie y producción se refiere.

Al igual que en el caso de la quinoa, las variedades de trigo sarraceno tuvieron distintos orígenes: Polonia, Serbia y un ecotipo español. Los técnicos realizaron dos siembras, con casi un mes de diferencia entre ellas, con unos resultados evidentes: «las variedades polacas fueron las que más rindieron seguidas de la serbia» como señala Aparicio.

Este peudocereal, incluido en el grupo de los superalimentos, es una especie con un ciclo de cultivo muy corto. De la familia de las poligonáceas se desarrolla en condiciones desfavorables de sequía y temperaturas superiores a 25 grados, aunque es intolerante al frío. Es por ello, que la recomendación desde el departamento de Investigación de Itacyl, es que «no se debe sembrar» hasta que no llegue el periodo libre de heladas, «en alguna zona de la comunidad hasta mitad de mayo».

Otro de los problemas del cultivo, según indican, es la determinación del momento de la cosecha, debido a que «no deja de echar flores». La planta de un porte indeterminado y si si hay un retraso en la misma, «la semilla se desprende y se puede perder parte de la produción». Por otra parte, su polinización es por insectos, lo que hace que sea un cultivo «interesante» para incrementar la biodiversidad de los sistemas agrícolas. En cuanto a los rendimientos, los ensayos confirman valores de 2,5 toneladas por hectárea en las variedades de origen polaco más productivas.

El amaranto se ensayará por primera vez este año, mientras el caso de la chia, de origen mejicano, es más conflictivo, ya que «no hay variedades» adaptadas al hemisferio norte. La idea es seguir con estas especies e ir incluyendo nuevas. El Itacyl trabaja también con otros cereales minoritarios ancestrales como el monococcum, teff, trticum turánicum y espelta tratando de buscar esas variedades que se adapten mejor a la comunidad autónoma.

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