BURGOS

´La camelina mejora su nascencia y se consolida como alternativa

Rendimiento / Las heladas y la sequía condicionaron la última campaña, cuya producción rondó el 40% respecto a la media habitual / La sementera arranca con retraso debido a la falta de agua en octubre

Las parcelas de camelina en la comarca del Arlanza presentaban este saludable aspecto durante la campaña pasada. Sin embargo, el grano sufrió daños importantes.-M.A.S.

Publicado por
Diego Santamaría

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Todavía es «muy pronto» para hablar de perspectivas, pero al menos el arranque de la campaña de camelina en la comarca burgalesa del Arlanza invita en cierto modo al optimismo. Lo confirma uno de los pioneros de la provincia en este cultivo, Miguel Ángel Salces, tras verificar que la nascencia «está siendo mejor». No obstante, se muestra cauteloso por las heladas que acompañaron a las lluvias durante la sementera, ya que «esponjan la tierra, a veces levantan la raíz y la planta que no haya enraizado bien puede morir».

A la hora de afrontar la actual campaña, los agricultores de la zona retrasaron la siembra, prevista generalmente «a finales de octubre», por la falta de precipitaciones. Debido a ello, el terreno se encontraba «seco» y «demasiado esponjoso», lo que supone un gran inconveniente teniendo en cuenta que las semillas se dejan prácticamente en superficie, con una «medida máxima de un centímetro».

En cualquier caso, la camelina ha superado la fase inicial mejor que el cereal, cuya nascencia «ha sido muy mala porque no llovió en su momento». Sea como fuere, los productores de este cultivo alternativo, con mucho recorrido en la provincia de Burgos pero aún escaso, esperan que la primavera no traiga consigo las heladas tardías que arruinaron gran parte de las cosechas el año pasado. Y es que la primera floración, entre abril y mayo, suele ser la «más productiva».

Lo ideal, por lo tanto, es que las temperaturas bajo cero no se extiendan más allá del invierno. De lo contrario, es probable que ocurra lo mismo que el año pasado, cuando las heladas afectaron a la planta ya cuajada, sin daños aparentes por fuera pero con el grano «marrón» y «consumido» por dentro.

A pesar de que la última producción en su zona se situó en torno al 40% respecto a la media habitual -entre 400 y 500 kilos frente a los 1.200 o 1.300 de ejercicios anteriores-, Salces mantiene su apuesta por la camelina. En su cuarta campaña, ha decidido conservar prácticamente la misma superficie, algo más de 40 hectáreas. No en vano, asegura que tanto él como el resto de agricultores que en su día abrieron camino con la camelina en Burgos van aumentando superficie de forma paulatina, pues «se ha conseguido que la gente vea que puede ser rentable y viable como alternativa».

El factor rentabilidad parece asegurado. Los precios, en ascenso durante los últimos años, ha caído ligeramente hasta situarse en los índices de su primera campaña como productor de camelina, lo que viene a ser una horquilla de entre 320 y 330 euros por tonelada. Lo bueno de la camelina, tal y como precisa Salces, es que su variación no es tan cambiante como en otros cultivos. Cierto es que la escasez productiva apenas afecta, por lo menos a los agricultores que trabajan con Camelina Company, que se mueve en mercados tan dispares como la elaboración de bioqueroseno para aviones, la producción de aceite o alimentación animal.

Hasta el momento, Salces se muestra «muy satisfecho» con la empresa, sobre todo a nivel de asesoramiento. En este sentido, asegura que mantiene un contacto muy fluido con el técnico de zona que supervisa sus plantaciones, ya sea a través de Whatsapp, por teléfono o en persona gracias a las visitas periódicas que realiza para supervisar el avance del cultivo.

La última visita, casi «en vísperas de Navidad» por el retraso de la sementera, fue menos complicada que la anterior. «Vimos que nacía la planta y en 15 días había desaparecido. A ellos también les pilló por sorpresa, no daban crédito», recuerda antes de precisar que, al final, descubrieron que la pérdida de dichas plantas se produjo «donde más residuos de paja había», ya que al tener la tierra compactada «la paja sirve de colchón y lo deja más hueco». Lo mejor de esta experiencia, dentro de lo que cabe, fue que «nos vino bien, a ellos y a nosotros, para aprender».

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En cuanto a las posibilidades de la camelina en el resto de la provincia, Salces recalca que «puede ser viable». Eso sí, el principal problema reside en que «estamos limitados en zonas». En La Bureba, por ejemplo, resultaría «complicado introducir un cultivo cuyo límite productivo es corto», sobre todo porque en esa comarca el cereal obtiene unos rendimientos muy superiores a los del resto de territorios. Aún así, cree que los agricultores y las administraciones deberían «hacer un esfuerzo por buscar cultivos alternativos» adaptados a la demanda actual.