SORIA
El agricultor que mima el suelo desdela siembra
Diego Postigo es presidente de la Asociación Soriana de Laboreo de Conservación, con 45 socios y 30.000 hectáreas de siembra directa

Diego Postigo, presidente de Asolac Suelo Vivo.-LUIS ÁNGEL TEJEDOR
Decidió hace más de quince años apostar por la agricultura de conservación llamado por los beneficios medioambientales, pero la razón de peso para continuar ha sido el ahorro económico, tanto en costes como en mano de obra. Ahora, Diego Postigo Amézua se encuentra en pleno proceso de sementera, aprovechando los cerca de 30 litros que cayeron hace unos días en su finca, entre Zayas de Báscones y Ayllón (Segovia). Y gracias a la siembra directa podrá realizar el trabajo en casi la mitad del tiempo que le requeriría la siembra convencional, algo a tener en cuenta más aún este año con la sequía que adolece el campo y que ha obligado a retrasar la sementera casi quince días.
Diego Amézua es presidente de la Asociacion Soriana de Laboreo de Conservación Suelos Vivos (Asolac) que nació en el año 2003 para defender la agricultura de conservación ante las administraciones. En la actualidad son más de 45 socios y «subiendo», que suman más de 30.000 hectáreas de siembra directa. «La base es no labrar los suelos para alterar lo mínimo posible la estructura del suelo, pero sobre todo intentando no realizar labores de volteo», asegura este agricultor profesional. «Se consigue un suelo más poroso, que almacena agua que cede después al cultivo, que hace además que circule mejor el aire, el agua y los nutrientes y que se favorezca el desarrollo de las raíces, de modo que aguante mejor la sequía y las lluvias torrenciales», añade.
Recuerda que al principio había muchos «reticentes a iniciarse en la agricultura de conservación, pero el tiempo ha demostrado que se trata de una técnica que funciona» Y es que con esta alternativa todos ganan. Sus bondades benefician al medio ambiente. Dicen numerosos estudios científicos que mantener el suelo cubierto de vegetación es uno de los métodos más eficaces para evitar la erosión. Y demuestran que cuanto menos se labra más carbono absorbe el terreno y más materia orgánica se sintetiza, con lo que, a largo plazo, aumenta su capacidad productiva. Unos argumentos que acompañan con cifras: Las técnicas de conservación son capaces de fijar anualmente hasta 5,68 toneladas por hectárea de CO2 más que la agricultura convencional y permiten reducir hasta un 22% las emisiones a la atmósfera de los gases de efecto invernadero. Gana por supuesto la tierra cultivable.
Pero las razons de peso también tienen su parte económica. En combustible, por ejemplo. «Como no hay que hacer tantos pasos para preparar el terreno además la sembradora realiza también el abonado. Con ello se ahorra también tiempo, porque se reduce el coste en mano de obra, ya que el agricultor echa menos horas en el campo». A modo de ejemplo, por un día invertido en la siembra directa se echan casi tres en la convencional. Se estima que la siembra directa, disminuye entre tres y seis las horas de trabajo por hectárea, reduce los costes entre 18 y 72 euros por hectárea, según la intensidad del laboreo al que le sustituyen, y no menos importante, propicia un ahorro de combustible de hasta los 50 euros por hectárea.
Los ‘peros’, la inversión inicial en maquinaria, que puede llegar a ser el doble de la convencional, y la necesidad del glifosato, el herbicida cuestionado en la UE y que se ha autorizado para cinco años más.