El negocio de las plantas aromáticas
Virginia Re cultiva lavandín y lavanda desde hace siete años «por su rentabilidad»

Virginia Re Catalina es agricultora a título principal junto con su marido, Damián Navascués.-HDS
Virginia Re Catalina decidió dejar el ajetreo de Madrid y su trabajo como ejecutiva en una multinacional de telecomunicaciones a raíz de quedarse embarazada para vivir en San Felices, de donde es su marido, Damián Navascués. Querían otra vida para su hijo, que ya tiene ocho años. Una vida que no la concebían en la gran ciudad; querían disfrutar juntos de su tiempo. Y así lo hicieron. Damián había heredado unas fincas al morir su padre y buscaron la forma de aprovechar los recursos que les daba la tierra. Sin embargo, no querían caer en los cultivos ‘habituales’, tales como el trigo, la cebada o el girasol. «La rentabilidad es mínima dada la situación del campo», constataba Virginia. Por ese motivo, apostaron por las plantas aromáticas, cada vez más en auge en Comunidades como en Andalucía, Murcia, Valencia o Castilla La Mancha, donde además el Gobierno subvenciona su cultivo desde este año.
Habían visitado varios campos de lavanda y lavandín en otras provincias, y vieron que allí «salían las cuentas». Así, Virginia y Damián, ambos convertidos en agricultores a título principal, iniciaron la siembra de lavanda y lavandín con 15 hectáreas, que han ido ampliando poco a poco hasta casi multiplicar por cuatro la superficie de las aromáticas. «En San Felices y en la zona este de la provincia de toda la vida se ha recogido el espliego que nacía silvestre para sacarse un dinero extra; por qué no hacerlo de manera mecanizada para obtener más rentabilidad», manifestó Virginia.
Sin embargo, este año la sequía que lleva asolando al campo todo el año también ha pasado factura a las plantas aromáticas hasta el punto de que «ha sido un 60% menos de cosecha que la del año pasado», realizada en esta ocasión de mediados de agosto a mediados de septiembre.
Pero lo cierto es que estas cifras las espera compensar con los precios, que «se han incrementado considerablemente», si bien constató que todavía no están cerrados, dado que depende de los resultados de la esencia de sus plantas, ahora en análisis. «Los beneficios de una hectárea de lavandín se sitúa en los 550 euros, mientras que la rentabilidad de la lavanda alcanza los 850 euros por hectárea, porque es una planta que no crece en cualquier sitio», indicó la experta, ya que hacen falta unas determinadas condiciones de altitud y temperatura. Pero antes de estos cultivos alternativos había puesto en marcha junto con su marido una plantación de encina trufera de 30 hectáreas, si bien la actividad agrícola la compagina con el turismo desde que abrió en San Felices el hotel rural Las Abadías. Reconoció Virginia que por ahora todo lo que le ha llegado desde que cambió Madrid por Soria es bueno, salvo que «por un error administrativo» le faltan derechos de la PAC. No obstante, cree que la provincia se está despoblando por falta de ayudas. «Si las administraciones pretenden que la gente se venga a vivir aquí sin facilitar las cosas lo tienen complicado».
En la provincia hubo una finca pionera en cultivo de lavanda en Alconaba, que estuvo en producción más de 25 años, pero los cambios de uso en los suelos, de rústico a urbano, derivaron en la venta de las tierras para construir.
Aunque la provincia sería un territorio idóneo para las plantas aromáticas, por su altitud y sus condiciones meteorológicas, todavía es un campo desconocido. Según los datos facilitados por el Servicio Territorial de Agricultura y Ganadería de la Junta, en 2017 había una superficie sembrada de 64,35 hectáreas, de las que más de la mitad eran de lavandín, 39,41 hectáreas. En segundo lugar, 7,84 hectáreas de lavanda, y 4,28 hectáreas de salvia. El resto, hasta once, ocupan desde 0,3 hasta 3,62 hectáreas. Si se tiene en cuenta que en Soria se cultivan más de 230.000 hectáreas la cifra de las aromáticas es insignificante, pero desde luego que podría convertirse en una buena alternativa al cereal de invierno o al girasol, teniendo en cuenta la depreciación en el mercado de estas producciones, cuyos precios apenas cubren costes.
Según los datos de la Junta, además de Virginia Re hay otros cuatro cultivadores de lavandín. De lavanda solo está ella. El resto de plantas las siembra en solitario la empresa Soria Natural, que cultiva poco más de quince hectáreas de nueve plantas aromáticas, dentro de las más de 380 hectáreas que tienen el certificado de agricultura ecológica, con las que elabora sus productos.