Diario de Valladolid

PERFIL

Ganaderos salmantinos arrendados

Valentín y Sofía viajan desde hace cuatro años a tierras abuleneses para aprovechar la rastrojera

Valentín Nieto con su ganado en Madrigal de las Altas Torres.-E.M.

Valentín Nieto con su ganado en Madrigal de las Altas Torres.-E.M.

Publicado por
Antonio García

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Desde hace cuatro años, el matrimonio integrado por Valentín Nieto y Sofía Rodríguez, ambos de 53 años, viaja a principios de verano desde el municipio salmantino de Valdelacasa, próximo a Guijuelo y a Béjar, hasta la localidad abulense de Madrigal de las Altas Torres.

Ambos lo hacen junto a su hijo de 12 años, para que sus 800 ovejas puedan aprovechar en tierras abulenses la rastrojera que no tienen en el pueblo donde actualmente son los únicos que cuentan con un rebaño de ovino.

«Allí, en nuestra zona, hay poca rastrojera», comenta Sofía Rodríguez, para justificar esta circunstancia por el hecho de que «no se siembra», ya que la mayoría de los jóvenes de Valdelacasa, una pequeña localidad de apenas 200 habitantes, profieren «la matariza», es decir, trabajar en las fábricas de chamones y chorizos que existen en el vecino municipio de Guijuelo.

Precisamente al instituto de esta localidad acaba de empezar a ir su hijo de 12 años, que pasa el verano en Madrigal junto a sus padres. Y lo hace encantado de la vida y acompañando a su progenitor la mayor parte de los días desde las 6.00 de la mañana.

Este año también lo ha hecho, hasta que hace unos días se ha tenido que marchar con una tía para comenzar las clases en Guijuelo, que se encuentra a 10 kilómetros de su pueblo.

Según la madre, al chaval «le gusta» acompañar a su padre y, pese a los madrugones, lo hace «tan contento». Además, en Madrigal de las Altas Torres, que tiene unos 1.500 habitantes, se ha integrado sin dificultad y ha hecho muchos amigos.

No es de extrañar, porque desde que esta familia llega con el ganado en junio, hasta que se va en torno a noviembre –el niño en septiembre-, todos han tenido tiempo de integrarse en esta histórica villa abulense, situada al norte de la provincia, a unos 85 kilómetros de la capital abulense.

Sofía Rodríguez dice que la familia está «contenta» en Madrigal, donde han arrendado unas tierras situadas a unos 8 kilómetros del casco urbano, para que las 800 ovejas de raza castellana pasten a sus anchas, pese a que este año con los permisos para arar antes «han estropeado la rastrojera».

Las reses, que son de carne, llevan los últimos cuatro años pastando en estas tierras abulenses que tampoco son precisamente fáciles, al encontrarse el la dura llanura castellana.

Sin embargo, Valentín Nieto parece llevar esta situación con toda la normalidad y aceptación del mundo. «Estamos acostumbrados a sufrir», explica este hombre que previamente, y de forma casi resignada, señala:«nacimos en lo peor de España».

En este contexto, recuerda cómo desde que era niño ya echaba una mano a su padre con el ganado, para después, una vez realizado el antiguo servicio militar, hacerse autónomo para llevar su propio rebaño.

Un rebaño que poco a poco fue creciendo hasta llegar a las 800 cabezas actuales, convirtiéndose en la única ganadería de ovino de su pueblo desde que el año pasado desapareció la otra que había.

Su día a día resultaría duro para cualquiera, pero tanto él como su mujer lo llevan con el estoicismo que supone la aceptación de la que ha sido su vida desde que nacieron.

Durante el verano, Valentín Nieto madruga para cuidar del ganado desde las 6.30 o las 7.00 de la mañana, hasta las 22.30 horas, interrumpiendo su trabajo para acudir a comer; sin embargo, cuando los días empiezan a ser más cortos, adelanta el inicio de la jornada laboral y retorna cuando es noche bien cerrada, después de haber comido y merendado en el campo.

En muchas ocasiones su mujer le acompaña para echarle una mano y al mimo tiempo evitar que pase solo buena parte del día.

El esfuerzo, que incluye cargar con una casa durante unos cinco meses al año, se ve compensado de alguna manera porque el ganado puede comer en la llanura abulense. Esto, pese a los inconvenientes que tiene, también se ve compensado con el hecho en el desembolso que deberían hacer en pienso y cebada, de permanecer en su pueblo.

En apenas y mes, este matrimonio retornará a su pueblo charro, donde ambos volverán a reunirse con su hijo para pasar el duro invierno, antes de retornar a Madrigal de las Altas Torres en torno al mes de junio de 2018.

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