LEÓN
Las vacas se hacen la manicura
Iciar Fernández tiene 36 años y es podóloga bovina desde hace cuatro años

Iciar Fernández trabajando en una de las granjas recorta la pezuña a una de las vacas inmovilizada.-E.M.
La podología bovina va más allá del aspecto de las pezuñas de los animales. Y es que existe una correlación directa entre una baja producción y vacas que no pueden caminar de forma confortable. Algo que sabe muy bien Iciar Fernández, una joven leonesa de 36 años, que lleva cuatro años ejerciendo este oficio en el medio rural.
No es habitual ver a una mujer con el ‘potro’ de recortar pezuñas, arreglando cojeras y distintos trastornos podológicos muy comunes en vacas lecheras. Mas extraordinario es aún comprobar como esta topógrafa de formación, se vio salpicada por la crisis hace cuatro años, y no dudó un momento en emprender en el medio rural, desarrollando este oficio vinculado a la ganadería.
«Siempre me han gustado los animales y no me importó estar rodeada de vacas de 700 kilos», asegura convencida de su decisión, a pesar de que la crisis de precios del sector lácteo le esté afectando también con una «menor» demanda.
El precio de la leche no cubre los costes de producción, como denuncia esta emprendedora, circunstancia a la que se suma una situación «grave» de sequía que está exigiendo al ganadero suplementar la alimentación a los animales. Dos condicionantes que se traducen en «más dinero», en un momento complicado para el sector, como ella misma puede percibir.
Dedicada toda la vida a la construcción, recuerda unos inicios «difíciles» como emprendedora en la podología bovina. Era el tiempo en el que muchos ganaderos solicitaban sus servicios únicamente para verla trabajar. «Era pura curiosidad», asegura.
Una curiosidad satisfecha en los últimos años y avalada con una trayectoria profesional que le ha llevado en este tiempo a muchas granjas, principalmente en la provincia de León. Para ello, tuvo que hacerse con la correspondiente maquinaria y pedir un crédito para comprar el ‘potro’ en el que se inmoviliza a los animales, que es la mayor inversión. En definitiva, asumir unos gastos que pueden ir de los 12.000 a los 30.000 euros, dependiendo del tipo de maquinaria que se elija.
Pero no todo ha sido ‘coser y cantar’, según Iciar, que explica que, al principio, el ‘potro’ nuevo le dió algunos «problemas» De hecho, destaca como ha tenido que «hacerlo suyo» en este tiempo, y adaptarlo a su forma de trabajar.
Actualmente, y «si todo fuera bien», uno de sus objetivos sería cambiarlo por uno más grande, así como seguir viviendo de una profesión que depende, en buena medida, del buen funcionamiento de las granjas.
Iciar asegura que una buena praxis en las granjas requiere de una adecuada revisión podológica, al menos, una vez al año. Aunque hay granjas que, por protocolo, tiene instauradas estas revisiones, por ejemplo, en el presecado, lo que garantiza unas pezuñas en buenas condiciones durante el periodo de la lactancia y el post parto, en el que aumenta el estrés, otras no lo hacen.
La máxima que repiten los expertos en este caso es que una vaca «produce más si está sana». Y eso implica actuar «de forma inmediata» ante el mínimo signo de cojera o malestar. Iciar relata como muchos ganaderos prefieren «tirar» de antibióticos y «pinchar» a las vacas, antes de llamar a un especialista en podología bovina. Y ello, a pesar de que si se actuará con rapidez se podría «minimizar los gastos en botica y maximizar la producción de leche».
Es evidente que los trastornos podológicos han aumentando en las granjas, y que esto afecta a la productividad. Es por ello que se hace necesario un recorte funcional de pezuñas para prevenir enfermedades. Iciar recuerda como las vacas cojas permanecen aisladas, se pasan más tiempo acostadas, lo que afecta a la producción y reproducción de las explotaciones.
Hacer una buena podología bovina exige paciencia y profesionalidad. Esta emprendedora leonesa realizó varios cursos antes de emprender este nuevo reto, y se formó también en el País Vasco, con mucho esfuerzo, ya que tuvo que compatibilizar este periodo con el cuidado de sus dos hijos, aún pequeños. En este sentido, agradece el apoyo de su familia y su pareja para que los números «sigan saliendo». También destaca el papel de su tío, de profesión veterinario, al que acompañó cuando se quedó sin empleo, y con el que gestó todos los detalles de su nuevo proyecto. «Nunca he valido para quedarme en casa, necesito trabajar y, al principio, salí con mi tío para echarle una mano».
Iciar es una mujer valiente, «ilusionada» con este oficio. Al llegar a la granja, lo primero que hace es inmovilizar al animal al que mete en el ‘potro’. Una empresa que puede costarle diez segundos o media hora, según el empeño del animal. Para eso hay «trucos» que tratan de convencer al rumiante, instalando la máquina en zonas de paso, para que el acceso sea algo que se produzca de la forma menos estresante posible.
El recorte de pezuña, levantando pata a pata, y su duración, depende, según esta especialista, de la salud de la vaca, es decir, de si está coja o no. Una vaca saludable puede llevarle quince minutos, un periodo que puede prolongarse hasta una hora solo con dos animales ,si la lesión es mayor. De forma general, el precio medio oscila entre 10 y 30 euros, de nuevo, dependiendo de la sanidad de la explotación.
Iciar quiere mirar al futuro con optimismo, consciente de la crisis del sector lácteo. En su opinión, en este país «se podría producir mucho y bien». Por eso, insta a la administración a «defender lo nuestro» frente a las importaciones.