Diario de Valladolid

BURGOS

Europa reaviva el debate sobre el uso de glifosato en el campo

Es el componente activo de muchos herbicidas, aunque sus detractores exigen su prohibición amparándose en estudios científicos que revelan que daña los suelos y puede ser cancerígeno

Una mujer retira manualmente malas hierbas de su huerto. En este caso, no ha recurrido al glisofato.-ICAL

Una mujer retira manualmente malas hierbas de su huerto. En este caso, no ha recurrido al glisofato.-ICAL

Publicado por
Diego Santamaría

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Sus partidarios afirman que es el mejor método posible para eliminar las malas hierbas. Sus detractores, en cambio, apuntan otras alternativas y exigen su prohibición total debido a los resultados de diferentes estudios científicos que avalan su peligrosidad para la salud humana. El debate sobre el glifosato está servido en Europa y los países miembros deberán decidir próximamente si se renueva su autorización por un plazo de 10 años. La decisión podría ser favorable si nos atenemos a las conclusiones que publicó el pasado 15 de marzo la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA por sus siglas en inglés). El estudio en cuestión sobre este compuesto determinó que «no hay evidencias de que sea cancerígeno o cause problemas de salud». No obstante, el organismo sí reconoció su toxicidad para la vida acuática «con efectos duraderos» y la posibilidad de que cause «graves daños oculares».

La publicación de este dossier cayó como un jarro de agua fría entre los grupos ecologistas, que llevan años defendiendo su retirada del mercado. Se interpretó además como una contradicción -e incluso como una suerte de pulso- a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 2015 advirtió que «probablemente» sea «cancerígeno». En similares términos se expresaba la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), pues también alertaba del «posible» riesgo de enfermar. Al otro lado del ring, la multinacional más poderosa del sector, Monsanto, trató de rebatir ambos informes alegando que «todos los usos» de este compuesto incluidos en sus etiquetas son «seguros» para la salud. Además, subrayó que «cada herbicida a base de glifosato en el mercado cumple los rigurosos estándares establecidos por las autoridades regulatorias para proteger la salud humana».

Aunque nunca utiliza productos químicos en el campo, el técnico en producción agropecuaria David Velasco considera que el glifosato es especialmente peligroso y no se lo recomienda a «ningún ser vivo». Por ello, se muestra partidario de su prohibición «en todo tipo de tratamientos» para frenar la contaminación a la que se ve expuesta «la nutrición de nuestro futuro». En base a su experiencia, este joven burgalés residente en Italia recuerda que su utilización debe conllevar un «conocimiento amplio» y unas «medidas preventivas» muy rigurosas, ya que «las toxinas que comemos hoy no se eliminan al 100% del cuerpo».

Respecto a su efectividad para combatir las malas hierbas, Velasco sostiene que en «principio» sí que cumple su cometido. El problema radica en que «la vida se fortalece y muta generando inmunidad a ciertas toxinas». Por lo tanto, está convencido de que «las futuras plantas no se verán afectadas con la misma intensidad, teniendo que incrementar la dosis (…) sobre el campo».

¿Existen alternativas? Según el técnico sí. Por ejemplo, diseñar una «plantación más densa y con cierta antelación a la crecida de las hierbas adventicidas o el conocido arado de vertedera cada cierto tiempo».

Salvador (prefiere omitir su apellido) tiene sentimientos encontrados en este debate. Por un lado, este agricultor burgalés experto en rotación de cultivos teme que la OMS y otros organismos puedan estar en lo cierto. Por otro, afirma que la única solución viable para eliminar las malas hierbas se encuentra en un herbicida patentado por una conocida marca cuyo componente principal es el glisofato. «Me gustaría ser ecológico del todo, pero desgraciadamente es imposible», confiesa después de haber probado distintas alternativas, entre ellas el arado de vertedera. Aún con todo, le gustaría prescindir algún día de los fitosanitarios. Y en ello está, pues cuenta con poco más de una hectárea que utiliza como «banco de pruebas».

Al ser agricultor profesional, su sustento depende de las producciones anuales. «No me la puedo jugar, tengo que ir sobre seguro», apostilla. Sea como fuere, recalca que la OMS no se ha pronunciado tajantemente sobre los peligros de este compuesto. «También se ha desdicho, antes parecía que no era tan malo», añade antes de reiterar su disposición a «contrastar todas las informaciones que van saliendo» para tomar decisiones.

Los orígenes del glifosato en la Guerra de Vietnam

La aplicación de productos químicos en el campo fue una consecuencia posterior de los motivos iniciales para los que se utilizaban. El técnico agropecuario David Velasco recuerda que el desarrollo de muchos de estos compuestos se llevó a cabo en periodos de «guerra». El glifosato, por ejemplo, «se inventó para matar de forma masiva las hierbas de Vietnam», de tal manera que los soldados estadounidenses pudiesen «ver bajo la espesa selva». Pero «no solo mataba plantas, también seres humanos debido a su alta concentración”. Después de informarse sobre diferentes conflictos bélicos y comprobar el auténtico nacimiento de productos que hoy en día se emplean en el sector agrario, Velasco reafirma su rechazo a los fitosanitarios y aboga por la «capacidad crítica» frente al desconocimiento para comprobar «el mal de estos venenos», que obviamente se «rebajan» para facilitar su salida al mercado. Otro compuesto de gran peligrosidad que recientemente causó la muerte de un matrimonio en Villafruela, el fosfuro de aluminio, también se creó con fines mortíferos. En este caso, fue utilizado por los nazis en las cámaras de gas en las que exterminaban a la población judía.

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