SECTOR AVÍCOLA
Gallos que ayudan a ‘pescar’
Un núcleo zoológico cría gallos y gallinas cuyas plumas son perfectas para montar moscas de pesca

Ejemplares de estas razas en la explotación abulense.-E.M.
La afición a la pesca está muy arraigada en Castilla y León. Se trata de un deporte que cuenta con numerosos adeptos-expertos en una materia que cada vez requiere de más conocimientos para conseguir un rendimiento óptimo tanto en los ríos como en el mar.
Esta circunstancia hace que los aficionados se busquen la vida con el objetivo de lograr que su pasión sirva para que los anzuelos de sus cañas sean los más atractivos para los peces. Con este objetivo, un joven abulense dispone desde hace varios años de un núcleo zoológico –corral doméstico- en una localidad próxima a la capital abulense, donde cuenta con más de medio centenar de gallos y gallinas.
Pero no son de cualquier raza. Se trata del gallo pardo de León y del gallo indio de León, dos razas en peligro de extinción, de ahí la prudencia que su dueño tiene a la hora de hablar de estos ejemplares únicos cuyo uso no es con fines crematísticos, sino para «consumo propio».
El hecho de que sea una especie protegida y en peligro de extinción hace que el responsable de estos ejemplares prefiera que en esta información sólo aparezcan sus iniciales, G.M., y que no se cite el lugar en el que se encuentra ubicado el núcleo zoológico, para evitar cualquier tentación por parte de quienes puedan querer sustraerlos.
En este caso, el interés por estos gallos y gallinas deriva de su afición a la pesca desde que era un niño y en su familia estaba acostumbrado a moverse entre animales. En una ocasión, alguien le trajo un gallo de estas características y desde ese momento arrancó una pasión también por estas aves cuyas plumas son tan especiales que sirven para engañar a los peces, ya que su movimiento en el agua imita al de los insectos.
Según explica G.M. de 36 años, sus plumas son «especiales» debido a su «colorido, dibujo, textura y brillo», lo que convierte a sus plumas en muy deseadas para aquellos pescadores que tratan de preparar sus anzuelos para engañar a los peces y «dar la sensación de que están vivos» los insectos a los que imitan.
Pero para que esto sea posible, G.M. cuida a estos ejemplares desde que hace dos décadas comenzó con esta afición y logró reunir en sus instalaciones al aire libre más del medio centenar de gallos y gallinas de estas especies singulares.
Según sostiene, sólo una cuarta parte son gallinas, mientras que el resto son gallos. A todos ellos, a los nueve meses de nacer aproximadamente, se les quita la primera capa de las plumas con mucha delicadeza en lo que se denomina «la limpia», para según su dueño comprobar «si valen o no valen».
A partir de ese momento, se va seleccionado a los mejores, a los que cada tres meses se les quitan las plumas, con un cuidado para que «no se irriten y sufran lo menos posible». De las gallinas – que ponen una media de 150 huevos al año- suelen valer las plumas del cuello, mientras que de los gallos se aprovechan también las de la espalda y los laterales.
El dueño de estas aves destaca, además de su belleza, su rusticidad. Tal y como explica, “no hace falta darlas pienso para comer, ya que «se estropean», de ahí que requieran de una alimentación equilibrada en cereales, vegetales y vitaminas.
El propietario insiste en que se trata de una actividad para «consumo propio» y dando a estos ejemplares el cuidado que requieren, ya que, además por interés propio, se trata de razas en peligro de extinción.
Según relata, intercambia de vez en cuando estos animales con otros criadores, mientras que las plumas las comparte con otros aficionados a la pesca, ya que a su juicio estas plumas mejoran mucho el resultado final. «Se pesca más», asevera este abulense que también hace hincapié en el arte que supone saber montar moscas de pesca.
Aunque le resulta complicado realizar este cálculo, G.M. cifra en «varios cientos» o incluso «más de mil», las moscas puede llegar a montar en un año con plumas de estos ejemplares únicos.