Diario de Valladolid

GANADERÍA

El lujo de la lana palentina

Las alpacas de Óscar Alonso, en Revilla de Pomar (Palencia), son pioneras en Castilla y León

Óscar Alonso con dos de sus animales en su explotación ubicada en Revilla de Pomar (Palencia). La granja comenzó a funcionar hace dos años.-BRÁGIMO

Óscar Alonso con dos de sus animales en su explotación ubicada en Revilla de Pomar (Palencia). La granja comenzó a funcionar hace dos años.-BRÁGIMO

Publicado por
Marisol Calleja

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Se parecen a las llamas, pero no lo son, aunque pertenecen como ellas a la familia de los camélidos, junto a las vicuñas y los guanacos. Las alpacas son originarias de Bolivia, Chile y Perú y están especialmente valoradas por la calidad y finura de su lana. Se dice que es más suave, cálida y ligera que la cachemira y similar a la seda. Es por ello que las prendas realizadas con estas fibras son de las más costosas.

Debido a la exportación, estos animales están ahora repartidos por toda Europa, América y Oceanía, con una presencia especialmente significativa en Australia y Nueva Zelanda. En España, la alpaca es todavía una especie poco conocida.

Apenas hay algunas granjas en Cantabria, País Vasco, Cataluña, Andalucía y Galicia. La de Óscar Alonso es la primera que funciona en Castilla y León desde julio de 2014. Fue entonces cuando llegaron los primeros animales a su explotación, ubicada en Revilla de Pomar, en la montaña palentina.

No resultó sencillo, ya que antes tuvo que luchar para que sus animales tuvieran el reconocimiento de especie ganadera y cumplir así una serie de trámites que retrasó la puesta en marcha de la granja en torno a un año. ‘Alpacas el Abrigaño’ lleva casi dos años de vida, gracias al trabajo de Óscar y de su pareja, con quien comparte al 50% las tareas y cuidados de estos animales domésticos a los que califica como «curiosos y protectores». La alpaca vive entre 20 y 25 años, pesa alrededor de los 70 kilos y se distingue por su cuello esbelto y sus orejas grandes y puntiagudas. «Es como una oveja grande». Tiene, eso sí, un tamaño menor que la llama, su pariente sudamericana.

Las alpacas viven en grupos familiares. De hecho, Óscar explica que en alguna ocasión se le ha escapado algún animal de la granja que ha terminado regresando poco después a la explotación ya que «no saben estar solos». «Son muy gregarios», explica.

Su carácter dócil no impide que actúen de inmediato si perciben algún peligro o se sienten atacadas. Es entonces cuando el foráneo puede recibir uno de sus famosos «escupitajos», como muestra de rechazo. Una bienvenida que, hay que pauntar, «no es habitual».

Óscar cuenta en la actualidad con veinte animales en su explotación. Hay dos tipos de raza, la huacaya y la suri. Las alpacas de este emprendedor palentino pertenecen a las primeras que se distinguen por un rizado de la lana en forma de «pompón», a diferencia de las suris con una piel más lisa. Como rumiante que es, este camélido come un kilo de hierba seca al día, aunque su dueño complementa esta alimentación con piensos enriquecidos en minerales.

Son animales «muy limpios» que, según los propietarios de ‘Alpacas El Abrigaño’ , soportan climas «extremos» y se adaptan bien a nuestro entorno. Y es que en Sudamérica, su lugar de origen, estan acostumbrados a temperaturas de más de 25 grados al sol y bajo cero por la noche, en un solo día.

La alpaca, nombre de estos camélidos y de la lana que producen, es una de las fibras más codiciadas por la industria textil y también de las más caras debido a sus características. Como ejemplo, un jersey de esta lana puede llegar a costar entre los 200 y 300 euros.

Cada animal produce unos tres kilos de este valioso producto, aunque Óscar ha obtenido el año pasado cerca de cuatro de los ejemplares más grandes.

Este será el segundo año que esquile a sus animales, una tarea para la que se necesitan dos personas. Y es que hay que inmovilizar a la alpaca, «estirarla y ponerla de costado», por lo que «es conveniente» que alguien le sujete la cabeza y evite algún movimiento «inoportuno». El esquileo lo hará él mismo en poco más de un mes, gracias a un curso que realizó hace dos años. Asegura que al igual que ocurre con las ovejas hay profesionales de otros países que se ofrecen para venir a Espala a realizar estas labores.

Precisamente, coincidiendo con el esquileo, y aprovechando que los animales están inmovilizados, les recortará los dientes. Y es que les crecen de por vida y hay que «cuidarlos», como ocurre con las uñas. En cuanto a las atenciones sanitarias, este ganadero señala que a la alpaca se le vacuna cada seis meses contra diferentes enfermedades similares a las del ganado común, y se les somete a la campaña oficial de saneamiento de la Junta, como al resto de especies ganaderas.

Tras la puesta en marcha de la granja, el reto de Óscar se centra en cómo transformar la lana que producen sus animales, de una alta calidad. «Cuanto menos micras tiene el pelo, mejor», asegura, y sitúa el ‘nivel de excelencia’ de la fibra de alpaca en 15 micras y en 17-18 el porcentaje que se supone dentro de la «normalidad». Hay que tener en cuenta que si un kilo de lana de oveja merina vale 50 céntimos, uno de alpaca «solo esquilada», puede llegar a los 60-70 euros, según Óscar, lo que pone de manifiesto su valor añadido.

Este palentino tiene almacenada aún la lana del año pasado. Y es que es «difícil» darle salida. Las hilanderías españolas trabajan principalmente lana de oveja, por lo que, para cambiar la maquinaria, exigen una gran cantidad de producto «mínimo» de alpaca para tejer y «de un mismo color», algo que según este emprendedor es «complicado». Las alpacas pueden tener más de veinte tonalidades desde el negro, marrón, gris, o blanco puro. Algo que ocurre con sus animales. Además, los productores actuales no reúnen la cantidad necesaria para garantizar la producción.

Por eso, Óscar estudia actualmente la posibilidad de tratar él mismo la lana de sus animales, al menos, realizar alguno de los cuatro procesos que se llevan a cabo en la transformación ( lavar, cardar, peinar e hilar). No descarta comprar incluso maquinaria. Su intención es que la parte del procesado que no puedan hacer por ellos mismos, se envíe a hilanderías artesanales o al exterior donde admiten muy poca cantidad de lana, principalmente a países como Escocia, Alemania o Italia.

Las mini hilanderías extranjeras tienen gran demanda en estos momentos, lo que supondría tener que esperar hasta el próximo mes de diciembre para procesar la fibra de alpaca. La venta de lana es el primer objetivo junto a la venta de animales. Y para ello, este palentino selecciona la hembra y el macho que va a cruzar para realizar una «buena» selección». No descartan una labor de intermediarios y traer lotes de animales de otros países para introducirlos en España.

Las alpacas de Revilla de Pomar son además uno de los atractivos de esta pedanía de Pomar de Valdivia, próxima a Aguilar de Campoo, en la montaña palentina. Allí viven ahora catorce personas, entre ellas, otro ganadero de vacuno. Es un pueblo «turístico» rodeado de parajes con encanto, como el parque natural de Covalagua.

Un entorno que Óscar entiende como propio a pesar de que no nació en este pueblo, es natural de Palencia. Su padre se hizo allí una casa cuando él tenía seis años y desde entonces está vinculado a este municipio en el que vive desde hace cinco años junto a su pareja. Es además el alcalde pedáneo.

Óscar apuesta por un negocio del que aprende cada día y al que llegó por un reportaje en televisión que descubrió en el año 2013. Tardó apenas unos días en contactar con la explotación de la que se hablaba en ese medio, ubicada en Cantabria, y unos meses más en decidir poner en marcha esta granja pionera en Revilla de Pomar. Un reto personal.

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