PREMIOS LA POSADA 2026
Familia Sanz Cid-Dehesa de los Canónigos, Premio a Toda Una Vida de La Posada 2026
El jurado de los Premios La Posada concede el máximo galardón a la emblemática bodega de Pesquera de Duero por su legado histórico, su amor a la viña y su contribución a la historia de la denominación

El jurado de los Premios La Posada 2026.
Autenticidad, raíces, amor por la tierra y legado son algunas de las palabras que mejor resumen la esencia de Dehesa de los Canónigos, una de las bodegas con mayor solera de la Ribera del Duero. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, tras la desamortización de Mendizábal. De hecho, su nombre hace referencia al primer propietario, el Cabildo de la Catedral de Valladolid, compuesto por 22 monjes canónigos. El empresario vasco Toribio de Lecanda y Campo compró la finca en 1842. Años más tarde, en 1859, se la traspasó a su hijo, Teodosio Lecanda Chaves, un reconocido arquitecto que construyó su casa a imagen de un caserío vasco, en honor a su tierra. Hoy se conserva como vivienda familiar y su imagen se ha convertido en un icono de la bodega, presente en alguna de sus etiquetas más emblemáticas.
La historia reciente de Dehesa de los Canónigos comienza en 1967, cuando Luis Sanz Busto, con apenas 26 años, asumió la explotación agrícola de la familia de su mujer, María Luz Cid. Su suegro, Arturo Cid, le había pedido que se hiciera cargo de las últimas labores de recolección de la propiedad vinculada a la familia Cid desde 1931 y que, en principio, estaba destinada a cambiar de manos. Afortunadamente no ocurrió. Luis decidió mantenerla y aquel empeño acabó siendo el germen de la Dehesa de los Canónigos actual.
En aquella decisión tuvo mucho que ver el vínculo sentimental de María Luz con la finca. «Mi madre siempre tuvo un cariño especial a la Dehesa por la infancia vivida allí», recordaba su hija Belén Sanz, enóloga y directora técnica, en un reportaje de La Posada. Ese arraigo, explicaba, fue el que llevó a su padre a luchar para que la propiedad permaneciera en manos de la familia.
Luis Sanz Busto nació en Camporredondo en 1940 y su camino profesional parecía entonces muy alejado del vino. Había estudiado Medicina y decir adiós a la profesión no resultó sencillo. «Le costó mucho», comentaba su hijo Iván, fallecido trágicamente este verano junto a su familia. Finalmente, la tierra terminó imponiéndose.
Durante los primeros tiempos la explotación era fundamentalmente agrícola y la uva se vendía a grandes bodegas, entre ellas Vega Sicilia, a la que llegaba la uva en barcazas cruzando el Duero.
El paso decisivo hacia la elaboración propia llegó de la mano de nombres estrechamente vinculados a la historia vinícola de la zona. Mariano García, entonces enólogo de Vega Sicilia, elaboró para Luis unas barricas con uvas de la finca destinadas inicialmente a familiares y amigos. El resultado confirmó el potencial que había en aquellas cepas. Junto a los consejos de Mariano y del también enólogo y bodeguero Antonio Sanz, Luis tomó una decisión que con el tiempo resultaría fundamental: recuperar viñedo viejo cuando otros lo arrancaban y comenzar a construir un proyecto vitivinícola propio donde la vid fuera el principio motor de todo lo demás. «Antes uvas que cubas» es una de las enseñanzas de Luis que la familia ha mantenido como mantra, fiel a una manera de entender el vino desde el cuidado del viñedo.
La innovación ha estado presente en este camino. La bodega fue la primera finca en plantar vid en la repoblación del Duero tras la llegada de la filoxera en el siglo XIX, con vides procedentes del valle de Napa, en California, utilizadas como patrón e injertadas con viníferas traídas de Francia por Toribio Lecanda.
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La primera añada se intentó en 1988, aunque las lluvias obligaron a esperar. Fue en 1989 cuando salió al mercado la primera cosecha de Dehesa de los Canónigos. Desde entonces, la bodega fue creciendo sin desprenderse de una idea que ha pasado de padres a hijos: la calidad del vino comienza en el campo.
Los Premios La Posada reconocen con el galardón «Toda una Vida» a la familia de Dehesa de los Canónigos, una saga ligada durante generaciones a una finca histórica de la Ribera del Duero y a una forma de entender el vino basada en el respeto por la tierra, el trabajo y la continuidad familiar.
El Premio «Toda una Vida» pone el acento precisamente en esa palabra: saga. En Luis Sanz Busto y María Luz Cid, que preservaron la finca; en Belén e Iván, que asumieron en aquel momento el relevo; y en una historia familiar que continúa escribiéndose, vendimia tras vendimia, en el corazón de la Ribera del Duero.

Bodega Dehesa de los Canónigos, en una imagen de archivo.
PREMIO A TODA UNA VIDA
EL CASERÍO DE LA RIBERA DE DUERO
Su arquitectura, a imagen y semejanza de un caserío vasco, siempre ha llamado la atención entre las bodegas de la Ribera del Duero. Pero si hay un valor que ha distinguido por encima de todo a Dehesa de los Canónigos es la cercanía y el cariño con los que esta casa familiar ha recibido a todo aquel que se ha acercado a conocerla.
Y es que las puertas de los Sanz Cid han estado abiertas para quien quisiera descubrir sus vinos: un Quinta Generación, un Solideo, un Luzianilla —su última creación, un clarete dedicado a la matriarca o su Gran Reserva Luis Sanz Busto, que sólo se elabora en añadas excepcionales y creado por Belén como homenaje a su padre, fallecido en 2025 a los 85 años. Vinos diferentes, pero unidos por una misma manera de entender la tierra y las raíces.
Su viñedo, de más de 60 hectáreas, se extiende sobre una finca de unas 500 hectáreas. Pero más allá del vino, labodega ha sido un hogar para muchos. En invierno, su chimenea se enciende para acompañar largas conversaciones al calor del fuego. Como las grandes familias.
PREMIO AL MEJOR RESTAURANTE. SERRANO
Serrano nació en 1982 de la mano de Jesús Prieto Marquiegui y Telvi Serrano. Lo que comenzó como la ilusión de una joven pareja fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una de las casas de referencia de la cocina leonesa. En estos 44 años de historia su local, situado a pocos pasos de la Catedral y del Palacio Episcopal de Gaudí, en el corazón de Astorga, ha ido ampliando horizontes a través de la formación, los vinos, las nuevas técnicas y, especialmente, la micología. En 1995 el establecimiento se convirtió en Restaurante Micológico y comenzó a impartir cursos y conferencias sobre setas, además de integrarse en el panel de catadores micológicos de Castilla y León. En 2006 se incorporó Jesús Prieto Serrano (formado en la Escuela de Hostelería San Cayetano y prácticas en el restaurante de Martín Berasategui). Años después se unió su hermana Miriam Prieto Serrano, titulada en Ciencias Ambientales. Hoy Jesús dirige la cocina y Miriam está al frente de la sala, dando continuidad al proyecto que pusieron en marcha sus padres.
PREMIO A LA MEJOR INICIATIVA ENOLÓGICA
EMILIO MORO
Hablar de Bodegas Emilio Moro es hacerlo de vino, pero también de familia. De varias generaciones unidas a la tierra de Pesquera de Duero, de viñas que han pasado de padres a hijos con más de un siglo cde historia. Esa trayectoria es la que reconocen este año los Premios La Posada, que conceden a Emilio Moro el galardón a la Mejor Bodega. La historia se remonta a Emilio Moro Fuentenebro, primera generación de una saga que comenzó a plantar viñas en Pesquera de Duero a principios del siglo XX.
El testigo pasó después a su hijo, también Emilio Moro, quien sentó las bases de la bodega moderna y tomó una de esas decisiones que con el paso del tiempo adquieren una dimensión especial: conservar sus viñedos viejos cuando otros optaban por arrancarlos. Trabajo, esfuerzo e intuición fueron construyendo un proyecto que acabaría convirtiéndose en uno de los nombres reconocibles de la Ribera del Duero. El galardón llega en un año marcado por la pérdida de Felisa Espinosa, ‘La Felisa’, matriarca y figura esencial de la familia Moro.
PREMIO A LA MEJOR INICIATIVA TURÍSTICA
FIESTA ASTURES Y ROMANOS
Durante el último fin de sema de julio, Astorga vuelve a ser Asturica Augusta. Las legiones romanas toman las calles, los guerreros astures defienden sus poblados y el Parque del Melgar se transforma en un enorme campamento en el que dos culturas separadas por veinte siglos vuelven a encontrarse. Lo que comenzó hace cuatro décadas como una celebración ligada a la historia de la ciudad es hoy uno de sus principales acontecimientos culturales y turísticos. La celebración cuenta desde 2011 con la declaración de Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León. Una trayectoria que los Premios La Posada reconocen este año con el galardón a la Mejor Iniciativa Turística. La Fiesta de Astures y Romanos ha alcanzado este verano su 40 edición, una cifra que permite medir hasta qué punto ha cambiado desde aquel primer Circo Astur-Romano celebrado en 1986, coincidiendo con los dos mil años de la fundación de Astorga. Una cita que ha reunido 26 tribus astures y 32 domus romanas en una recreación que ha terminado implicando a buena parte de la ciudad.
PREMIO MEJOR EMPRESA AGROALIMENTARIA
LA HOJA DEL CARRASCO
La Hoja del Carrasco lleva más de un siglo haciendo de la tradición su principal argumento. Los Premios La Posada reconocen este año esa trayectoria con el galardón a la Mejor Empresa Agroalimentaria, concedido a una firma familiar que comenzó su andadura en 1896 y que hoy continúa en manos de la cuarta generación. El origen hay que buscarlo en Francisco Carrasco Nuevo, quien a finales del siglo XIX comenzó dedicándose al sacrificio y a la venta en fresco de productos del cerdo. Después llegó el relevo de su hijo, Ignacio Carrasco Rodríguez, que junto a sus hermanos amplió la actividad hacia la salazón y curación de jamones y paletas y la elaboración artesanal de embutidos. Más de 125 años después, son los hermanos Joaquín y Francisco Carrasco Hernández quienes se encuentran al frente de la empresa familiar. Cuatro generaciones separan aquella actividad inicial de la actual La Hoja del Carrasco, pero la casa reivindica haber mantenido como eje una misma forma de trabajar: fabricación artesanal, curaciones naturales y respeto por los tiempos que necesita cada pieza.
ÁVILA | GRANJAS REDONDO
La empresa nació en 1956 de la mano de César Redondo, padre de los actuales responsables, en El Barraco, a los pies de la Sierra de Gredos. Sus gallinas escuchan música, descansan en pequeños chalés de madera y disponen de espacios al aire libre. De sus instalaciones salen cada día 200.000 huevos.
BURGOS | RESTAURANTE LA FÁBRICA
El proyecto, que nació hace más de una década de la mano de Ricardo Temiño y Cristina Lázaro, conjuga producto, recetario tradicional y sabores de otras cocinas, fruto de su experiencia en restaurantes de distintos países. Todo ello, aderezado con toques de vanguardia.
LEÓN | LA MONARRACHA
Carlos Rojo Seco y Alejandra Santos abrieron su primer restaurante en Madrid en 2020. Seis años después, aquella apuesta por una cocina japonesa desenfadada y contemporánea se ha convertido en una cadena con cinco establecimientos y planes para seguir creciendo por España.
PALENCIA | PEÑALABRA
El restaurante de Cervera de Pisuerga mantiene vivo un legado familiar que nació en 1932. Santos César, cuarta generación defiende una cocina que evoluciona sin alejarse de sus raíces. Los caracoles son uno de sus platos emblemáticos junto a las alubias con boletus, que sigue la receta original de la abuela.
SALAMANCA | LAS CABAÑAS
Cinco generaciones mantienen vivo uno de los restaurantes históricos de Salamanca, una casa fundada en 1885 que ha hecho del tostón asado en horno de leña de encina su gran emblema y que continúa conjugando la tradición familiar con una mirada actual sobre la cocina castellana.
SEGOVIA | WHISKY DYC
La marca creada por el empresario segoviano Nicomedes García hizo realidad el sueño de elaborar whisky en España y encontró en Palazuelos de Eresma (Segovia) el lugar idóneo para hacerlo, con cereales de Castilla y León y agua procedente de la Sierra de Guadarrama.
SORIA | DOMINIO D’ECHAUZ
En la Ribera del Duero soriana, Vitis Navarra ha reunido un extraordinario patrimonio de más de 16.000 biotipos de vid procedentes de toda España. Tras más de dos décadas de investigación y conservación, el proyecto da ahora un nuevo paso con la elaboración de sus primeros vinos.
VALLADOLID | TONELERÍA BURGOS
La familia de Nava del Rey mantiene desde 1941 uno de los oficios más estrechamente ligados al vino. De reparar las grandes cubas de las bodegas de la comarca ha pasado a fabricar unas 5.000 barricas al año, sin renunciar al fuego, el agua y el trabajo artesanal.
ZAMORA | INNOVACHEF
La familia Fidalgo es defensora de los productos de calidad de Zamora, a los que incorpora nuevas recetas y presentaciones acordes con las demandas del consumidor actual. Nacida en 1987, la empresa Innova Chef ofrece un escaparate en el que encontrar una cuidada selección de productos de alimentación.