Diario de Valladolid

MUCIENTES (VALLADOLID)

Viaje a la cuna del clarete

La bodega Aula de Interpretación de Mucientes nos descubre la cultura del vino en una construcción subterránea del siglo XVI que ha recuperado su esplendor

Visitantes en una de las bodegas de Mucientes.

Visitantes en una de las bodegas de Mucientes.H. Martín

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H. Martín 
Valladolid

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En Mucientes se vive la cultura de la vid de una manera especial. No en vano llevan más de cinco siglos elaborando vino como forma de vida, siendo su principal motor económico. Su tradición queda patente en la actualidad con diez bodegas que elaboran vinos de calidad y que sorprenden cada año con numerosos premios en concursos internacionales de prestigio. Pero en la vida de sus gentes se percibe la importancia que tuvo en su pasado en los 153 accesos a 205 bodegas subterráneas que suman entre el Barrio de Bodegas de San Antón y San Pedro. Existen documentos históricos de cesión de 1528 que ponen de relieve su importancia histórica. Al igual que dicen que Malena es un nombre de tango, Mucientes es un nombre de vino. Así se atestigua en la excursión que realizamos a la cultura del clarete; un viaje que parte de la calle de la Alegría que conecta el pueblo con el Barrio de las Bodegas de San Pedro y que nos avanza que lo bueno está por llegar. Uno de los detalles más llamativos en nuestro paseo son los murales del pintor Manuel Sierra. El artista leonés natural de Villablino, último representante del denominado ‘Grupo Simancas’, retrata la belleza del paisaje con motivos vinculados a la localidad y con el mundo del vino.

Las zarceras (que en Mucientes se conocen como ‘cerceras’) una especie de chimenea de piedra que sirve para ventilar estos habitáculos, delatan que en su interior se guardan historias de gentes de antes, historias ligadas a la vendimia y la vid, a la cultura de nuestras casas. Consciente de ese legado el Ayuntamiento de la localidad inició en 2004 el proyecto de recuperación del barrio de bodegas de San Pedro. Para ello adquirió dos bodegas subterráneas del siglo XVI, que tras la recuperación del espacio y del material etnográfico, fueron adaptadas como Aula de Interpretación con visitas abiertas al público. Es el único museo del vino ubicado en una bodega subterránea del siglo XVI reconocido por la Junta de Castilla y León como espacio museístico en la categoría de centro de interpretación del patrimonio cultural.

Impresiona adentrarse a conocer cómo era la vida de una bodega tradicional, dominada antiguamente solo por hombres. Impresiona descubrir la dureza de las labores del campo. Ponerse en la piel de un hombre en la época de vendimia de hace unas décadas y el papel tan descacado que ejercian desde niños los chiquillos del pueblo. Llama la atención descubrir cómo muchas palabras y dichos están presentes sin saberlo en nuestro lenguaje cotidiano. También aprenderemos cómo se denominaban los antiguos utensilios como la marrana, las vigas de madera de olmo o los tinos de cemento que empleaban en la primera maceración. Un viaje a 10 metros de profundidad, a las entrañas del vino, o mejor dicho, del clarete, que para eso estamos en el Km 0 de este vino elaborado con tempranillo y distintas uvas blancas, con sus usos y costumbres. Gloria Martín, guía de la Oficina de Turismo de Mucientes nos sumerge en esta apasionante historia en las visitas organizadas.

UN PUEBLO CON HISTORIA

Descubrir Mucientes es conocer un rincón de la comarca de los Montes Torozos donde viven en la actualidad 700 almas, pero que en un tiempo pasado su población llegó a ser del doble (1.400 habitantes) y que llegó a contar con tres fábricas de orujo. Conserva la belleza y el encanto de los pueblos de antes aunque está situado a tan sólo 11 kilómetros de Valladolid capital. En Mucientes no solo se respira el aroma a vino (fue mejor destino enoturístico en 2020), sino también a una historia vinculada al Conde Ansúrez, repoblador de la ciudad del Pisuerga, a la reina María de Molina, y a Juana la Loca, que hizo parada en el pueblo junto con su marido Felipe el Hermoso para celebrar las ‘Cortes de Mucientes’ para inhabilitar a Dª Juana como reina y hacerla recluir como demente, aunque sin éxito. Cuentan las crónicas históricas que Mucientes también fue escenario del encuentro entre el Carlos I y Germana de Foix y que pocos años después, en 1521, los comuneros liderados por Padilla tomaron el castillo en la revuelta de las comunidades. La fortaleza-palacio y la ermita de la Virgen de la Vega dominan desde lo alto. Su casco histórico guarda un trazado medieval y conserva una iglesia de estilo gótico (Iglesia de San Pedro Apóstol) de gran encanto. 

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