CUETO DE ARBÁS (2.002 M.)
El último 'dosmil' de la Cantábrica
Una ruta en un entorno de alta montaña que toma como punto de partida la estación de esquí de Leitariegos hasta alcanzar la cumbre

La impresionante mole del Cueto de Arbás, en su vertiente norte.-N.S.
Al noroeste de la provincia de León, en el límite con la vecina Asturias, se levanta la mole montañosa del Cueto de Arbás, la cumbre más occidental de toda la Cordillera Cantábrica que supera los dos mil metros de altura. Su gran altitud, unida al hecho de que se encuentra un tanto separada de las demás montañas, le otorgan una personalidad distinguida dentro del entorno de estos cordales de alta montaña, ofreciendo un singular atractivo para los montañeros, lo que hace de ella una de las cumbres más visitadas en toda la zona.
El punto de partida desde el que vamos a acometer la ascensión será el espacio de la Estación de Esquí de Leitariegos, situada prácticamente en la divisoria administrativa con Asturias, en la carretera que comunica Villablino con Cangas del Narcea. Para empezar nuestra ruta, lo mejor será tomar la ancha pista que sale hacia el sur, por debajo del remonte inferior de la estación de esquí y que nos permitirá ir cogiendo altura progresivamente por el trazado de lo que, en invierno, es una de las pistas de esquí. Aunque omitiremos el primer desvío (a nuestra derecha), tomaremos el segundo (también a la derecha) situado a 1600 metros de altitud. La ancha pista traza tres zetas más, hasta colocarnos por encima de los 1700 metros. Desde aquí ya daremos vista, hacia el noroeste -a un nivel más bajo que en el que nos encontramos nosotros-, la cuenca glaciar que alberga la Laguna de Arbás, situada a los pies de los farallones del Alto de la Ferradura. El paisaje hacia esta zona cambia totalmente respecto del que veníamos viendo, con una vegetación de turbera que intenta ganar espacio entre los roquedales, dando paso en algunos lugares más protegidos a manchas de pequeños bosques de abedules y hayas que dan cobijo a la fauna autóctona, entre la que dicen que no faltan los osos.
Todavía tendremos que acometer por la pista un breve tramo, el más empinado de todos, el cual nos dejará cerca de los 1.780 metros. Justo en el punto en que la pendiente comienza a suavizarse y antes de que la pista describa un nuevo giro hacia la izquierda deberemos estar atentos para tomar el sendero que se dirige hacia el oeste, para ir dejando la loma a nuestra izquierda. El sendero está muy marcado y pronto va cogiendo inclinación entre las arandaneras hasta encaramarse en la parte alta del cordal, en la collada Fanetina (1.876 metros).
Desde aquí ya está salvado el mayor desnivel, con lo que simplemente será necesario seguir el buen sendero a nuestra derecha (oeste) que transita dando vista a la amplia cuenca glaciar que se abre a sus pies. Absortos en el paisaje alcanzaremos pronto el Alto de la Ferradura (1.994), y un poco más adelante nuestro objetivo del día, el Cueto de Arbás (2.002 metros).
La caseta y los elementos metálicos que nos sobran en esta cumbre, no nos deberán impedir abstraernos, disfrutando de la inmensa panorámica hacia la Reserva Natural Parcial de Cueto de Arbas, en terreno asturiano, que forma parte del Parque Natural de las Fuentes del Narcea y del Ibias y de la Reserva de la Biosfera de Muniellos.
El magnífico emplazamiento de la cumbre y las verticales paredes que la protegen parecen dar sentido a las teorías de algunos historiadores que consideran que tales circunstancias fueron determinantes para que aquí se estableciera el bastión defensivo de los ejércitos suevos tras la derrota sufrida en su batalla contra las huestes vándalas de Gunderico en las luchas por la hegemonía en territorios del Reino Astur.
Para volver a nuestro punto de destino, retrocederemos en primer término hasta la collada Fanentina, desde donde tomaremos un sendero marcado con hitos que discurre algo más a la izquierda que el que empleamos para subir, y que desciende por una especie de canal directamente hasta la Laguna de Arbás, situada a 1.685 metros. Al igual que todas las lagunas de montaña, su presencia está asociada a multitud de leyendas, como aquellas que afirman que no se trata sino de un ojo de mar con un gran remolino en sus profundidades, que atrapa a quien se baña en ella, como le ocurrió a una reina mora, que al parecer habitaba en cueva La Mora, situada unos metros más abajo y donde vierten parte de sus aguas.
Desde la laguna un breve tramo, ya por buen camino, nos dejará en un área recreativa (dirección noreste), desde donde ya solo nos queda descender por los praderíos para llegar de vuelta a nuestro punto de partida.