BURGOS
Aguas que adelantan el diagnóstico de una ciudad
Un proyecto de vigilancia epidemiológica basado en el análisis de aguas residuales en Burgos, desarrollado por la Universidad de Burgos y el servicio municipal de aguas, permite detectar la presencia de virus como el SARS-CoV-2 y otros, antes de que aparezcan casos clínicos

David Rodríguez Lázaro, con el equipo que aplica el sistema de vigilancia epidemiológica basado en el análisis de aguas residuales.
La capacidad de anticipar una crisis sanitaria antes de que los casos se reflejen en los diagnósticos clínicos se ha consolidado como una de las líneas de trabajo más relevantes en salud pública tras la pandemia. Las aguas residuales han pasado de ser un elemento invisible de las infraestructuras urbanas a convertirse en una fuente de información capaz de mostrar, con varios días de antelación, la circulación de virus y otros agentes infecciosos en una ciudad.
En Burgos, la Universidad de Burgos y el servicio municipal de aguas trabajan desde hace años en un sistema de vigilancia epidemiológica basado en el análisis de aguas residuales. El proyecto, integrado en el programa de digitalización del ciclo urbano del agua, ha permitido detectar incrementos de SARS-CoV-2 y otros virus respiratorios y entéricos antes de que esos datos se reflejaran en los registros clínicos, transformando la red de saneamiento en una herramienta de monitorización poblacional en tiempo casi real.
Este modelo de vigilancia forma parte de las principales líneas de trabajo de David Rodríguez Lázaro, catedrático de la Universidad de Burgos y director del Centro de Patógenos Emergentes y Salud Global. Dirige también el área de Microbiología y la Unidad de Investigación Consolidada de Castilla y León «Microbiología Una Salud», desde donde coordina el convenio con Aguas de Burgos para el seguimiento de microorganismos patógenos en la red de alcantarillado de la ciudad.
Su trabajo se enmarca en el enfoque «Una Salud», que integra salud humana, animal y medioambiental y que presta especial atención a la seguridad alimentaria y a la detección temprana de agentes infecciosos.
La iniciativa combina investigación microbiológica, análisis de datos y tecnología aplicada a la gestión urbana con un objetivo común, aprovechar la información presente en las aguas residuales para reforzar la capacidad de respuesta ante posibles amenazas sanitarias.
La idea de utilizar las aguas residuales como herramienta de vigilancia epidemiológica parte de un principio conocido desde hace décadas, explica Rodríguez. Una parte significativa de los microorganismos patógenos, especialmente los de origen entérico, se excretan en grandes cantidades a través de las heces. Ese comportamiento biológico ya sugería el potencial de las aguas residuales como indicador epidemiológico, según explica el investigador.
Ese potencial se hizo especialmente evidente durante la pandemia de COVID-19, cuando el seguimiento del SARS-CoV-2 en aguas residuales se consolidó como una herramienta complementaria de vigilancia. A partir de esa experiencia, el análisis de estas muestras pasó a considerarse un indicador útil tanto para seguir la propagación del virus como para anticipar su evolución en la comunidad.
El valor diferencial de este enfoque frente a los sistemas tradicionales de vigilancia epidemiológica reside en la ausencia de sesgo asistencial. Los modelos convencionales dependen de que la población acuda a los centros de salud cuando aparecen síntomas y de que se realicen pruebas diagnósticas, un proceso que no siempre se activa por la levedad de los cuadros clínicos, las dificultades de acceso o los tiempos de espera.
En el caso de los patógenos de transmisión respiratoria, además, la propia toma de muestras puede suponer una barrera añadida. Durante la pandemia, este factor influyó en la cobertura de los sistemas de vigilancia tradicionales.
Este sistema permite obtener una visión global del estado de salud de toda la población sin necesidad de realizar pruebas individuales. Desde la perspectiva de la salud pública, ofrece una imagen dinámica de lo que ocurre en la comunidad, sin depender de la aparición de síntomas, de su percepción subjetiva ni de la necesidad de acudir a un centro sanitario para el diagnóstico. Además, evita las barreras asociadas a la toma de muestras y a la solicitud de análisis, que en muchos casos pueden retrasar o limitar la detección.
El análisis de aguas residuales elimina ese filtro previo al no depender de la decisión individual ni del acceso al sistema sanitario. Permite obtener una imagen global de la circulación de patógenos en una comunidad, ya sea una ciudad completa o áreas concretas dentro de ella, como ocurre en el caso de Burgos.
Además, este sistema reduce la dependencia de la percepción individual de los síntomas, un elemento que introduce variabilidad en la notificación de casos. La vigilancia en aguas residuales aporta así una lectura más homogénea de la situación epidemiológica.
Otro elemento clave es su capacidad de anticipación. En muchos casos, los microorganismos se excretan antes de que aparezcan los síntomas clínicos, lo que permite detectar su circulación en la comunidad con varios días de antelación respecto a los sistemas basados en casos confirmados.
Uno de los grandes beneficios es que la implantación de este modelo en otras ciudades se considera viable a corto plazo, según Rodríguez. Su desarrollo está respaldado por la evolución normativa europea, que prevé su incorporación progresiva en la vigilancia de determinados agentes infecciosos. A ello se suma su valor como herramienta complementaria a los sistemas epidemiológicos tradicionales.
El sistema puesto en marcha en Burgos se sitúa en una posición avanzada. El municipio cuenta ya con una infraestructura operativa de vigilancia, lo que le ha permitido adelantarse a la aplicación de futuras obligaciones normativas y situarse por delante de buena parte de las ciudades españolas en este ámbito.
El desarrollo del proyecto apunta también a su evolución futura. Los resultados obtenidos han demostrado su utilidad en la detección de distintos agentes infecciosos y su capacidad para anticipar la aparición de casos clínicos. Además, Rodríguez hace hincapié en que el enfoque metodológico permite incorporar nuevos patógenos en un plazo reducido, lo que facilita su adaptación a situaciones de alerta sanitaria o a la aparición de nuevas amenazas.