PERSONAJES ÚNICOS / ELIAS F. RODRÍGUEZ FERRI
El maquinista de la salud animal
Es navarro y cursó Veterinaria en la ULE. Su investigación gira alrededor del estudio de microorganismos respiratorios porcinos, en particular de miembros de la familia ‘Pasteurellaceae’, campo en el que ha destacado a nivel nacional e internacional

El catedrático Elías F. Rodríguez Ferri en las instalaciones de la Universidad de León.-EL MUNDO
Entrega su vida al cuidado de los animales. Un pequeño héroe dedicado al salvamento de las especies desde el laboratorio. Elías F. Rodríguez Ferri tenía que haberse convertido en ferroviario para continuar la saga familiar, pero el día a día del veterinario de la demarcación le caló tan hondo que siguió sus pasos.
Tras licenciarse en la Universidad de León (ULE), obtuvo una beca de formación de personal investigador y a renglón seguido inició los trabajos de su tesis doctoral, bajo la dirección del profesor Guillermo Suárez. También comenzó a impartir docencia en la facultad como profesor adjunto interino y ayudante de clases prácticas.
A finales de 1973 ingresó en el Cuerpo Nacional Veterinario del Ministerio de Agricultura y allí ejerció como responsable de Sanidad Animal. Con este fin se trasladó a la Universidad de Barcelona. Tres años después defendió la tesis doctoral sobre aislamiento y caracterización de microorganismos entéricos en helados, que fue calificada con sobresaliente Cum Laude y a partir de aquella fecha se vinculó como profesor agregado interino de Microbiología.
A comienzos de 1978 se trasladó a Madrid, al recién creado Ministerio de Sanidad y Consumo, como responsable del Control de Zoonosis en la Dirección General de Salud Pública. La docencia siempre estuvo a su lado y en 1986 volvió a opositar (y a ganar) una plaza de catedrático en la ULE. Desde ese año educa a los futuros veterinarios y ha organizado un pequeño grupo de investigación llamado Patógenos Respiratorios Bacterianos, del que ha sido responsable y en el que ha realizado la mayor parte de su actividad investigadora.
En su etapa en la capital de España cultivó una línea centrada en microbiología de los alimentos, si bien pronto se decantó por el estudio de los patógenos respiratorios del ganado porcino, con atención preferente a tres especies microbianas: Actinobacillus pleuropneumoniae, Haemophilus parasuis y Pasteurella multocida. «Los tres están asociados con los modernos sistemas de producción intensiva de esta especie animal, calificados como de ‘alto estatus sanitario’, ligados al manejo, el tipo de explotación, el destete precoz y otras condiciones de naturaleza ambiental», expresa Rodríguez Ferri.
El primero de estos agentes produce una grave enfermedad en el ganado porcino, que cursa con neumonía, pleuritis y otros trastornos asociados, con una tasa de mortalidad «que puede ser alta», subraya el investigador navarro. En este punto, la ULE fue la primera en producir anticuerpos monoclonales dirigidos frente a epitopos específicos, que permitieron una propuesta de clasificación antigénica similar a la de algunos patógenos.
Haemophilus parasuis es un patógeno sistémico, generalista, capaz de producir inflamación de las membranas produciendo una enfermedad grave –Glässer– que en la actualidad posee un «enorme interés» en patología porcina, ya que ha sido calificada como uno de los problemas sanitarios más importantes, de etiología bacteriana.
De este grupo queda también el caso de Pasteurella multocida, un acompañante común de los dos anteriores cuadros complejos conocidos como ‘complejo respiratorio porcino’ en cuya etimología entran a formar parte también otras bacterias, virus, e incluso hongos, lo que «complica de sobremanera el diagnóstico y el pronóstico de la enfermedad», indica Elías F. Rodríguez Ferri. Una línea en la que ha destacado a nivel nacional e internacional.
Dentro de la línea de los respiratorios, más allá del ganado porcino, este equipo se ha centrado de la tuberculosis bovina, incorporando junto con los investigadores de la Facultad de Veterinaria de Madrid, los primeros estudios relativos a la incorporación de la prueba de gamma-interferón al diagnóstico de rutina de esta patología, ahora establecida oficialmente.
Respecto a la investigación y la innovación en Castilla y León, comenta que, aunque ha mejorado en las últimas décadas, todavía que da mucho trabajo por hacer. En ello, echa de menos planes de investigación particulares a corto, medio y largo plazo y la «escasa implicación» del sector privado sobre el público, que «soporta» la mayor parte de la carga financiera de la investigación, contrariamente a lo que sucede en Europa o Estados Unidos.
La crisis económica, tal y como expone, se reveló en toda su crudeza, en forma de congelación de plantillas, reducción y suspensión de inversiones en proyectos de investigación, reformas que afectaron a la relación de la ADE con otros centros tecnológicos, retrasos de pagos de subvenciones comprometidas y ejecutadas, con repercusión en las nóminas de los investigadores, etc. La buena noticia, según manifiesta, es que, pese a todos los inconvenientes, la resistencia permitió que esos centros sigan activos, frente a quienes reclamaban insistentemente su cierre, anteponiendo las cifras económicas a cualquier otro tipo de intereses. «Estamos seguros de que será cuestión de tiempo retomar la bonanza vivida en la primera mitad de la década anterior», expresa.
En su opinión, la sociedad premia a la innovación y al talento menos de lo que debería. «Existen diversidad de premios, pero el mejor de todos, más allá de los que brillan con luz propia con ocasiones de grandes celebraciones, es el reconocimiento diario de la sociedad, en una tarea que exige sacrificio y entrega permanente», concluye el investigador.