Tiro libre

El equipo ha sufrido en sus tres últimos partidos más disparos entre palos que en los otros diez de la temporada / Granada (7), Covadonga (8) y Leganés (10) firman cifras preocupantes

Morata celebra con Gharbi (17) su primer gol al Real Valladolid, con Rubio y Aceves a su lado.LALIGA

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El Real Valladolid no encuentra el equilibrio. Su evidente mejoría atacante y por ende goleadora no halla su reflejo en la firmeza defensiva, que va a menos. Y no, no es por el famoso dicho de la manta y porque le sorprenden al contraataque, causa principal de que le realicen ocasiones claras.

Se trata de algo que va mucho más allá de eso, porque el equipo de Escribá es vulnerable incluso con el entramado defensivo montado y esperando el ataque del rival. Y lo de entramado defensivo no va sólo por la zaga, que también, sino por la forma de defender de todo el equipo.

La presión alta de los atacantes para ensuciar la salida de balón rival ahora apenas existe. Los delanteros y medios ofensivos se colocan en una especie de zona, sin encimar al oponente, dejando que juegue el balón.

Peor es lo de la franja de tres cuartos de ataque rival, donde se fraguan los pases decisivos y los disparos lejanos. Allí existe una dimisión total. Cualquier contrario puede levantar la cabeza para dibujar sin oposición el mejor pase, a menudo en profundidad, o abrir el juego a las bandas, también con problemas para los defensores pucelanos, sin ayuda de los interiores/extremos, por lo que el lateral se encuentra a veces ante dos rivales, con uno que se desdobla.

La defensa hereda estos problemas pero además cuenta con escasa iniciativa. Un central debe ser intuitivo y saber cuándo salir al corte y cuándo quedarse, pero sobre todo debe ser contundente. Y los blanquivioleta no lo son. Tampoco anticipativos. Los rivales les ganan muy a menudo la espalda y les crean situaciones de superioridad, aunque sea cierto que los contrarios les llegan muy sueltos.

La formación en rombo de la medular exige mucho trabajo de repliegue a los ocupantes de los vértices derecho e izquierdo para ayudar en defensa. Ponceau va aprendiendo a defender pero Ojeda se diluye. Aunque el gran lastre es ahora Juric. El croata entiende el sentido del juego, pero está muy lento, pierde los uno contra uno y cuenta con demasiados problemas para sacar jugado el balón. Pero para Escribá es intocable, incluso en sus momentos más bajos, como el actual.

Esta deriva defensiva no sólo se debe a la formación en rombo. También se dio ante el Covadonga, con línea de cuatro en la medular y alineación totalmente diferente. Por lo tanto es un problema más profundo que el simple táctico y de nombres.

Un somero repaso a las cifras de disparos recibidos marca el empeoramiento progresivo del Real Valladolid. En cada uno de los tres últimos partidos han ido creciendo. No en cuanto a tiros totales, que en ocasiones puede ser una forma de quitarse el balón de encima, sino a los efectuados entre palos. El Leganés realizó nada menos que 10, de 21 totales. Ambas cifras son récord negativo para el Pucela.

La sorpresa es que la siguiente peor cifra se dio ante el Covadonga, de Tercera RFEF, en Copa, con 8 tiros que fueron puerta y 13 en total. La tercera fue seis días antes, frente al Granada. Nada menos que 7 de sus 10 tiros fueron a puerta, prueba de las facilidades recibidas.

Estos números contrastan con los de partidos anteriores. El Oviedo disparó 6 veces entre palos y el Eldense 5, pero Cádiz y Albacete sólo fueron capaces de hacerlo en dos ocasiones. El Ceuta chutó tres veces a puerta, lo mismo que equipos más fuertes, como Mallorca y Éibar, contra los que se comenzó la Liga.

El Pucela tiene un problema atrás y no siempre marcará cuatro goles.

GRAN MEJORÍA EN ATAQUE. El envés de la moneda blanquivioleta reside en su enorme despegue en cuanto a capacidad goleadora, que compensa en parte su vulnerabilidad defensiva.

Las cifras realizadoras son elocuentes: en los seis primeros partidos de Liga, el Real Valladolid marcó tres goles. En los seis siguientes ha logrado nada menos que 17, casi seis veces más. Los de Escribá han pasado de una media de 0,5 goles por partido a otra en las antípodas, de 2,8.

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La goleada estrella fue el 5-0 al Albacete. El Leganés se llevó cuatro, aunque perdiese por la mínima. El Córdoba dejó Zorrilla con tres goles encajados, mientras que Eldense y Las Palmas se llevaron dos goles del Pucela, aunque los castellanos sólo capturaron un puntos de los seis en juego. La peor cifra goleadora de estas seis últimas jornadas fue el único gol marcado al Granada. Los de Escribá anotaron en todos. No pasó lo mismo en los seis primeros choques, con tres porterías a cero y un gol marcado en cada uno los otros tres.